UNO
...solo piedra quedaba,
piedras y pocos hombres
con raíces de piedra, o de cabra.
João Cabral
Los abuelos de Juan vivieron mucho tiempo de unas vacas que heredaron. Ordeñaban mañana y tarde las vacas y con la leche hacían queso y manteca, y así se alimentaban.
Trabajaban mucho en el campo y con lo que ganaban podían mandar a sus hijos a la escuela y comprarles cuadernos, zapatos y abrigo.
Cada tanto, bajaban por un día a la ciudad, iban hasta un parque de diversiones, tiraban al blanco y comían palomitas de maíz sentados en la plaza.
Pero la sequía, los gobiernos y los ladrones de ganado hicieron que poco a poco fueran perdiendo sus vacas.

En el norte, para vivir, hay que tener vacas.
Y si no, hay que tener cerdos, buenos cerdos para hacer chorizos, bondiolas y jamones, y así pasar el frío del invierno.
Como no hay cerdos, aunque más no sea hay que tener cabras, que viven del aire y andan por los cerros comiendo pastos duros cuando ya no queda nada.
En el norte no es fácil pasar el invierno, pero los abuelos de Juan pasaron, mal que mal, muchos inviernos, gracias a sus vacas.
Hasta que la sequía, los gobiernos y los ladrones de ganado los dejaron sin ellas.
Entonces empezaron a cuidar las vacas que tenían otros.

