Desayuno en Central Park (Serie New York Academy 3)

Ana Punset

Fragmento

cap-1

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Alma no deja de reír mientras yo trato de tranquilizarme. Pero no puedo, estoy nerviosa, ansiosa, muerta de miedo... Según ella, la mejor manera de relajarse es acompasar la respiración, cerrar los ojos e intentar meditar. Cómo se nota que es bailarina... Yo de momento solo consigo temblar como un flan; un flan con los ojos cerrados.

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Al final, como no logro calmarme, decido que tenemos que salir a dar un paseo, y que me dé un poco el aire. Así que aquí estamos, camino a un bar con destilería propia, en una calle bastante tranquila del mismo Williamsburgh, nuestro barrio adoptivo. Al llegar, nos sentamos a una de sus pocas mesas. Me encantan por igual la pared de ladrillo que tengo a mi izquierda y los focos que cuelgan del techo justo encima de la barra que lo tiñen todo de un ocre absenta. Y nada, aun así, Alma no consigue que me relaje, aunque lo estoy intentando de verdad... Pero es que, por mucho que me pincha para que colabore, para que mi cerebro deje de pensar en lo que sucederá mañana o en los peligros de que no suceda, no hay manera; sigo obcecada en lo mismo y no salgo de ahí. Henry Bromer, mi profe en la academia, anunciará a primera hora los ganadores del concurso que participarán en la Book Expo America y necesito ser una de ellos.imagen Me costó mucho reunir los poemas adecuados y participar en el concurso, he trabajado duro, a pesar de los obstáculos, y creo que merezco ganar. Sin embargo, la competencia es dura... Así que solo quiero cerrar los ojos y despertarme mañana en el momento del anuncio. Pero no puedo... porque ahora Alma se ha puesto el limón de su vaso en la boca y me está haciendo muecas para hacerme reír. Yo niego con la cabeza y me meto con ella.

—Mira que si te viera Ivan... —le digo recordándole a su compañero de danza y ligue en potencia. Alma abre los ojos escandalizada. Sus pestañas, a las que yo llamo cariñosamente «mis alas de mariposa», se despliegan en todo su esplendor.

—Eso no lo digas ni en broma.

Sonrío.

imagen—¿Puedo hacerte una foto? —pregunto, aclarándole que es para enviársela a los demás.

—De eso nada, que hubieran venido... —protesta negando con la cabeza.

—Sabes que ninguno podía. Sam me está cubriendo en el Lap-Cat, Valen está con Ethan y Hugo había quedado para un posible encargo, creo... —digo, recordándole la ajetreada vida de nuestros amigos.

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—Eso no es excusa. Yo también tenía ensayo, pero hoy tú necesitabas compañía, más que nunca, ¿y quién está aquí, a tu lado? —pregunta abriendo las manos en el aire antes de señalarse a sí misma.

—Tú —contesto, y le doy las gracias.

—No te lo digo para que me des las gracias —me abronca.

—Entonces no te las doy. Pero... ¿puedo hacerte la foto ya? —pregunto con una media sonrisa.

Alma no se calla una, dice todo lo que piensa y es una de las cosas que más me gustan de ella. Es sincera, transparente, y eso no abunda mucho hoy en día, sino que más bien cuesta de encontrar, sobre todo en una ciudad que no es la tuya, a la que llegaste sola ocho meses atrás.

—Está bien, pero si me prometes que nadie te robará nada y lo colgará en algún blog famoso... —bromea, haciendo alusión al infierno que pasé hace unas semanas, cuando una compañera de clase me robó una libreta con todos mis poemas y los colgó en su blog como si fuera ella la autora.

imagen—Ja, ja, ja. Muy graciosa —digo antes de hacerle la foto y enviarla por WhatsApp al grupo que compartimos con Valen, Sam y Hugo, mi chico, el amor de mi vida.

—Encima de que me humillo por ti... ¡Te toca! —exclama, y saca de mi vaso mi trozo de limón y me lo ofrece.

—No, gracias —le digo, rechazándolo con la mano.

—Venga, Sofía, la risa relaja, es el mejor tratamiento contra el estrés. ¡Hazme caso! Creo que he demostrado tener razón unas cuantas veces desde que nos conocemos... ¿Me equivoco?

Alma sonríe expectante. Yo entorno los ojos con media sonrisa. Tiene bastante razón... Como cuando me obligó a salir de la cama y luchar para demostrar que los poemas robados eran míos,imagen imagen en lugar de dejarme hundir en plan barco víctima de la peor tormenta. Desde que estoy en Nueva York, ella ha sido uno de mis principales motores para seguir en esta ciudad luchando por mis sueños. En los momentos más difíciles, en aquellos en los que me vencía la adversidad y solo pensaba en rendirme, ella estaba ahí para abrirme los ojos y recordarme algunas cosas. De modo que cojo aire y acepto el dichoso limón. Cuando me lo he colocado dentro de la boca, miro a un lado y a otro para asegurarme de que nadie nos presta atención, y efectivamente así es. Es domingo, son las siete y media, y el local está bastante vacío, a pesar de ser pequeño. Así que despego los labios y le dedico a mi amiga la mejor de mis sonrisas.

Me obliga a hacerme una foto con ella, que ha vuelto a meterse su limón en la boca, el selfi más bochornoso del mundo. Y cuando veo el resultado —nuestras cabezas pegadas por la risa y el cariño, y apoyadas la una en la otra, porque no puede ser de otra manera...— entonces sí que sí, me río, y lo hago fuerte, con ganas, porque estamos ridículas, porque, como predijo Alma, la risa me sienta bien, tanto que me veo incapaz de parar. Me lloran los ojos y me duele la tripa, pero sigo riéndome, y eso que el camarero empieza a mirarnos con cara de pocos amigos, pues acabamos de echar a los otros únicos clientes del bar, una pareja que buscaba un poco de intimidad en este local. Sí, mi amiga ha ganado, pero desde luego yo también.

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cap-2

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imagenEsta noche he debido de dormir poco más de dos horas, y ahora mi cuerpo me lo hace pagar. Las risas de Alma se alargaron hasta prácticamente la madrugada, y después de las risas vinieron las palabras reconfortantes, esas que me recordaron cuánto valía yo y lo que había demostrado, las que pretendían convencerme de que tenía el concurso ganado. Lo último que oí antes de cerrar los ojos fue el ronquido de Alma quedándose dormida mientras decía: «Tus poemas son lo...», una frase que de tanto repetirla a lo largo de la noche ya podía acabarla por mi cuenta: «Son lo más», iba a decir mi amiga antes de que la venciera Morfeo.imagen Mis nervios y yo tuvimos que esperar algo más para dormir, y me quedé en vela un buen rato, soñando despierta... con mis poemas, con la Book Expo America, con Hugo.

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Me duelen tanto los ojos que me cuesta abrirlos. Es como si algo me presionara los párpados hacia dentro, un par de dedos tenaces que se empeñan en que hoy no abra las persianas. Pero tardo poco rato en situarme: hoy es el día. Me ducho, me visto rápido (¡por suerte me dejé la ropa preparada ayer antes de salir para evitar una posible crisis matutina de «¿Qué me pongo?»!), me arreglo el pelo frente al espejo, me pongo un poco de perfume y salgo hacia la academia. Aprovecho para comprarme un latte machiato de camino, y así llegar despierta a clase.

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imagen—¿Estás bien? —me pregunta Valen en cuanto me siento a su lado, mientras esperamos la aparición estelar de Henry Bromer, nuestro profesor.

—Sí, solo un poco cansada —digo restregándome los ojos con los puños. Me alegro de no haberme puesto nada de rímel esta mañana o ahora mismo me parecería bastante a un mapache.

—Siento no haber ido anoche —se disculpa, y hace una mueca arrepentida con sus labios carnosos pintados de rojo.

—No pasa nada, tranquila. —Le quito importancia sin ni siquiera mirarla. Resulta que, además de los ojos, me duele tanto la cabeza que estoy segura de que si hago cualquier gesto conseguiré rompérmela.

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—Ethan me había preparado una sorpresa... —empieza a decirme, intentando disimular una sonrisa boba. Lo noto con solo oírla.

—¿Qué sorpresa?

—Nada, una tontería...

—Venga, habla. Si es algo que ha hecho por ti, no es ninguna tontería.

—Bueno, no, es bonito... Me preparó una cena romántica en el piso que comparte con los de su grupo, pero nos dejaron el piso para nosotros. Estuvo bien.

—¿Cómo puede ser tan perfecto? —le pregunto, girándome levemente hacia ella, ahora sí, porque esto lo merece, a pesar de que siento un centenar de flechas clavadas en mis ojos. A Valen se le escapa al fin la risa.

—No es para tanto... —dice, pero sabe que sí lo es.

Trato de imaginarme a Hugo preparándome un detalle así y, no sé por qué, no acabo de visualizarlo... imagen Él es más de improvisar, de aparecer en ventanas en plena noche, de pintar grafitis en callejones oscuros...

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Valen cierra los ojos, muy probablemente recordando la noche anterior con su chico, el músico, y me cuenta en voz baja los besos que se dieron. No puedo evitar sonreír yo también, a pesar de todos los dolores que me ruegan que no lo haga, porque me gusta ver a mi amiga así de feliz. Su relación con Ethan despertó al principio los celos de una ex muy popular que intentó arruinarla en muchos sentidos, pero después de todo el amor acabó triunfando. Y eso siempre es bueno, muy bueno. Además, no puedo evitar acordarme de mis besos con Hugo, es una sensación simplemente mágica, como dejarse flotar en el mar en pleno verano.

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Justo cuando alargo la mano para coger la de Valen y apretársela en un gesto cariñoso, oigo la puerta de la clase que se abre y un segundo después se cierra con ímpetu. Unas zancadas enérgicas y una presencia sobrecogedora. Bromer ha llegado.

—Buenos días, chicos y chicas. Espero que vengáis con fuerzas y preparados para lo que tenéis que escuchar... —dice mientras deja su maletín y su chaqueta con coderas encima de la mesa.

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Este es un mal día para no tenerlas, según parece. Después coge un papel escrito a mano, que retiene su atención un momento.

Inflo el pecho con las pocas fuerzas que tengo. Siento el corazón en el centro de mi garganta, latiendo cada vez más deprisa. Tengo que estar preparada para todo lo que venga, pero es que no puedo evitar querer con todas mis fuerzas ganar este concurso. Los pensamientos me atraviesan la cabeza a toda velocidad; una mezcla de un millón de cosas que al final solo se reducen a: ojalá, ojalá, ojalá.

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Fijo los ojos en Bromer y no los muevo de él para no perderme nada. Ahora mi corazón está a punto de saltar en plan pértiga por mi boca.

—Ha llegado el momento de anunciar a los ganadores del concurso —dice.

Levanta la vista para mirarnos a todos en general, pero a ninguno en particular, aunque no puedo evitar pensar que, por un instante, me ha mirado a mí. Deja el papel encima de la mesa antes de proseguir.

—Antes que nada, quiero deciros a los que no habéis ganado que este concurso era una prueba más, pero no la única, y que solo debe servir para que sigáis trabajando duro y dándolo todo en vuestro proyecto final. Seguid a tope. ¿De acuerdo? —Cuando todos hemos asentido, continúa—: Y para los que habéis ganado, debéis saber que es ese mismo proyecto el que tendréis que presentar, tendréis que dar charlas sobre él y tenerlo bien preparado.

Bromer se queda en silencio esperando una nueva respuesta y, en un tono casi inaudible, todos asentimos de nuevo obedientes. Después esperamos ansiosos, porque lo único que queremos es que nos diga de una vez quiénes son los ganadores, pero él parece querer alargar el suspense de manera cruel.

Finalmente, después de una pausa que se me hace eterna, Bromer vuelve a coger el papel y fija los ojos en él antes de decir:

—Mathew Berstein.

El chico se yergue en su silla y ahoga buena parte del grito de alegría que debe de haber estado esperando en su garganta desde que se ha sentado. Los demás le ríen la gracia.

—Julieta Martínez.

Esta vez, la mencionada no hace ademán ninguno. Solo asiente y aprieta los puños, como si expresar cualquier emoción posible estuviera vetado y pudiera ser motivo de retirarle inmediatamente el premio.imagen Yo no puedo más con los nervios. Cojo aire otra vez y lo suelto lentamente buscando la serenidad que me ha abandonado. Solo falta un nombre, uno...

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—Noa Wilson —anuncia entonces Bromer, sacándome de cualquier duda—. Esos son los nombres ganadores. Enhorabuena —insiste el profesor, como si quisiera hurgar en la herida, en la parte más blanda, sensible y dolida.

Permanezco muy quieta, mirándole, porque me parece imposible que ya haya acabado todo. Espero un gesto suyo, algo que me indique que hay más, pero que no puede decirlo todavía, que solo tengo que esperar un poco más...

—Lo siento, Sofía —oigo que dice Valen a mi lado con la boca apretada.

Y son esas palabras, las que pronuncia mi amiga, las que me devuelven de un empujón a la realidad, y entonces empiezo a ser consciente de que, efectivamente, no he ganado el concurso, de que no iré a la Book Expo America, de que no he conseguido aquello por lo que tanto he trabajado.

imagen—¿Esos son todos? —pregunto en voz alta al profesor, totalmente confundida, enfadada, casi iracunda.

—Sí, Sofía. Eran tres. Lo siento.

Y tras apuñalarme de esa manera, saca el libro que estamos leyendo ahora y continúa con la siguiente explicación, como si nada.

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Por un segundo tengo la sensación real de quedarme sin respiración. Todo aquello por lo que he luchado, todo aquello por lo que llevo trabajando tanto tiempo, todos mis sueños, todo lo que soy queda reducido a la nada absoluta. No seré nunca escritora. Se acabó. Y encima, no puedo evitar sentirme absolutamente traicionada por Bromer. Él siempre me ha apoyado en mi carrera, y sabía que esta era una oportunidad única para mí... ¿Cómo ha podido hacerme esto?

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No, no me parece percibir ningún tipo de compasión en su comportamiento, y eso me cabrea más todavía. Me había animado a participar, me había hecho creer en mí, y ahora... me ha traicionado, o al menos así es como yo me siento, humillada; eso es. De pronto, hay demasiado ruido en este lugar, demasiadas voces preguntando por lo que pasará ahora, por ese futuro del que yo no formaré parte, como polluelos piando a todo volumen para reclamar su parte de comida, y definitivamente siento que la cabeza se me va a partir en dos si no hago algo. Así que recojo mis cosas tan rápido como puedo y salgo de esta clase que se ha convertido en algo del todo insoportable para mí. Me esfuerzo en no mirar atrás, pero al salir por la puerta detecto con el rabillo del ojo la expresión furibunda de Henry Bromer mientras contempla mi huida. Pero ni siquiera eso me hace cambiar de idea y sigo adelante.

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Valentina aparece en la cafetería de la academia con cara de espanto. Imagino que acaba de terminar la clase de Bromer. Se sienta frente a mí con cautela.

—¿Estás mejor? —me pregunta, colocando su mano sobre la mía, que coge temblorosa una taza de café.

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Me encojo de hombros.
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—No —respondo, porque es la verdad—. ¿Qué ha dicho el maligno de Bromer cuando me he ido?

Valentina ahoga una carcajada antes de responderme.

—Pues no ha dicho nada. Creo que le has dejado sin palabras.

Me río de mala gana.

—Igual que él a mí...

—Ay, Sofía, sabes que es imposible saber por qué ese hombre hace lo que hace, pero quizá...

—¿Quizá, qué? —la interrumpo.

—Pues que quizá tiene un plan oculto que no conocemos.

Niego con la cabeza retirando mi mano de debajo de la suya, pues es como si en este momento nada me pareciese suficiente.

—Muchas gracias, Valen, por preocuparte tanto, pero esto... Esto es algo que no tiene explicación. Tú no puedes entenderlo; yo lo había dado todo en ese concurso, con todo lo que pasó...

—Sé bien lo que pasó, Sofía, y también sé lo que significa que alguien te ponga la zancadilla.

Miro a Valentina, que me mira con sus penetrantes ojos castaños. Y sé a lo que se refiere. Es verdad, ella no lo ha tenido nada fácil tampoco. El nombre de Yina lo resume todo.

imagen—Lo siento —me disculpo. Valen no tiene la culpa de nada. Solo porque haya sido la mensajera, no tengo por qué arremeter contra mi amiga y comportarme como una idiota.

—No pasa nada. Solo estás enfadada.

—Es que me da tanta rabia... Siento que todo lo que he hecho no ha servido para nada.

—Comprendo que a veces te sientas así, pero aunque no te lo creas, desde septiembre... has aprendido muchísimo, y has mejorado y vivido mil cosas que te han enriquecido a muchos niveles, y seguirás haciéndolo. Te conozco desde entonces, y no eres la misma persona que llegó a Nueva York. Imagina todo lo que puedes seguir creciendo aquí.

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—Sí, hasta junio. A este paso no creo que gane la beca para el año que viene... Y tendré que volver a Valencia.

Digo en voz alta lo que llevo temiendo desde que Bromer ha anunciado las pésimas noticias, y siento un agujero en las tripas demasiado profundo.

—Eso no lo sabes.

Me encojo de hombros otra vez.

—Es lo más probable. Si no he ganado el concurso, es porque no soy de las mejores.

—Sabes que no es así... No pienses lo peor.

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—De aquí a junio solo queda un mes, Valen. Es igual... —Niego con la cabeza al tiempo que suelto el aire de forma sonora, porque, si no, es como si se quedara atascado en medio de la tráquea.

Si sigo dándole vueltas a esto, acabaré más quemada de lo que ya estoy, así que decido que necesito encontrar a Hugo para compartir con él este desastroso día, para que me anime como solo él sabe hacerlo, con sus abrazos, sus caricias... Sí, eso es exactamente lo que necesito, así que me pongo de pie.

—¿Te marchas?

—Sí, Hugo hoy se quedaba en la residencia trabajando. Voy a ir a verle. ¿Tú tienes más clases?

—No, se ha puesto enfermo el profe y he quedado con Ethan para ir a un ensayo del grupo. Si te quieres venir...

—No, no, muchas gracias, creo que solo necesito estar con Hugo un rato y desaparecer del planeta...imagen —Rechazo su invitación porque estar con gente que no conozco, sonreír sin ganas, hablar sin ganas... es lo que menos me apetece ahora.

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—Bueno, pero podemos ir juntos hasta la resi al menos, que está al lado.

—Vale —le respondo, porque sé que a Valentina le gusta que pasemos tiempo con ella e Ethan, quizá para no sentir que se queda fuera del grupo por estar con él, alguien externo.

Solo lo he visto un par de veces desde que salen, y me cae bien. Es poco hablador, como yo, pues a mí a veces tienen que amenazarme para que abra la boca, pero cuando dice algo con ese tono amable, casi conciliador, igual que si estuviera recitando una de sus letras, se hace oír, porque es como que todo tiene sentido. Y pregunta solo lo justo, para no hacerse cotilla, lo cual es de agradecer. La verdad es que me gusta para Valen.

Cuando salimos del edificio de la academia, Ethan está apoyado en el árbol de enfrente, con una libreta pequeña y un boli que se mueve riguroso por las hojas, tan concentrado que hasta que estamos frente a él y Valen lo llama por su nombre, no se percata de nuestra presencia. Al alzar la mirada, se le ve desorientado, como si se le hubiera olvidado dónde estaba; seguramente viajaba por esas páginas, por sus letras y sus canciones. Me recuerda a mí con la poesía: cuando está ella no existe nada más.

imagen—Bienvenido —le dice Valen dando un paso hacia él, y él le dedica una de esas sonrisas con mensaje claro: AMOR.

Ethan le da un beso en los labios lleno de romanticismo y luego repara en mí, que me he quedado algo rezagada.

—Sofía, ¿qué tal? —me pregunta antes de darme dos besos en las mejillas. Valentina le ha instruido bien sobre costumbres europeas.

—Bien —respondo, por decir algo.

—Sofía no ha tenido una buena mañana. ¿Te parece si la acompañamos hasta la residencia antes de ir al local? —le dice Valentina a Ethan, pasándole el brazo por el cuello.

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imagen—Claro. —Y se nota que, verdaderamente, le parece una buena idea, que es sincero, cosa que me gusta.

—Gracias —les digo con media sonrisa, y Valentina le quita importancia enseguida.

—Si nos pilla de camino —dice. Sé que no es del todo cierto, pero decido no llevarle la contraria.

Valentina e Ethan entrelazan sus manos y veo los dedos de ambos apretados, quizá para transmitirse el deseo y las ganas de estar juntos que tienen los dos. E iniciamos el camino hacia la residencia.

Solo tenemos que andar unos minutos para salir del Soho y llegar al metro de Canal Street. Hay tanta gente que al entrar en el vagón nos separamos irremediablemente. Desde lejos, entre las cabezas amontonadas, mientras vamos pasando una parada tras otra, me fijo en cómo se miran Valen e Ethan. Él le susurra algo al oído y ella se ríe a carcajadas, echando la cabeza para atrás y dejando que su larga melena castaña le caiga sobre la espalda. Se les ve felices, y eso me contagia un poco de optimismo. Valen pasó una época muy mala hace un mes, cuando también para ella todo parecía perdido, pero luchó y ahora está mejor que nunca. Quizá para mí también haya algo de esperanza...

Al llegar a nuestra parada en Parkside Avenue, nos volvemos a encontrar y yo voy detrás de ellos mientras se abren paso entre la gente hacia el exterior.

Como sé que el local de Ethan está cerca, pero en la dirección contraria a la residencia, les aseguro que pueden marcharse, que soy capaz de llegar perfectamente sola hasta la puerta. Sin embargo, Valentina insiste en que me quieren acompañar hasta la resi, donde me encontraré con Hugo y así no estaré ni un ratito sola.

—Cualquiera diría que me voy a tirar a las vías o algo... —bromeo y Valentina me mira con cara de espanto—. Es broma, mujer —me apresuro a decir.

—Con eso no se bromea, Sofía —me regaña, y yo le doy la razón.

Para cambiar de conversación y dejar de centrarnos en mí, le pregunto a Ethan cómo conoció a los otros miembros del grupo, y me explica que son amigos del instituto, de toda la vida.

—Vivíamos en el mismo barrio.

—¿Y aprendiste a tocar la guitarra solo? ¿Hace mucho?

Sonríe con mirada melancólica.

—El primer día que cogí una guitarra ya no quise soltarla nunca más —me explica, y yo sonrío porque sé a qué se refiere; algo parecido me pasó a mí con un bolígrafo y un papel—. Fui a un conservatorio un tiempo, pero me aburrí y empecé a aprender por mi cuenta. Creo que la música es algo que llevas dentro... ¿A ti te enseñó alguien a escribir poesía?

Niego con la cabeza. Ethan tiene razón. El arte vive en el corazón de las personas, y unas veces alguien tiene que enseñarte el camino para manifestarlo, pero otras veces lo encuentras tú solo.

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Mientras hablamos sobre qué nos llevó a cada uno a dedicarnos al cien por cien a nuestra pasión, caminamos por Williamsburgh como si fuera nuestro hogar, y en cierto modo sí lo es. En estos meses he conseguido conocérmelo casi al dedillo: el puesto de bocadillos que está en la esquina donde hacen mi bocadillo de beicon con queso favorito de toda la ciudad, la librería de viejo en la que puedo pasarme horas metida, la cafetería ecológica que me ha calentado en los días más fríos del invierno y donde me he sentado tantas veces a escribir... Al pasar por delante de esta última, a través de su cristal, veo un rostro familiar; tardo unos segundos en reaccionar porque no esperaba verlo: es Hugo. En un primer momento me desubico, por lo inesperado, entonces vuelvo a mirar y confirmo que sí, que en efecto se trata de Hugo. Y está con una chica a la que no conozco de nada. imagen

—¡Anda! Si está Hugo ahí —dice Valentina, sorprendida, y empieza a buscar la puerta para entrar en el local.

—Es verdad. Habrá salido a darse un respiro —contesto mientras sigo mirando a la desconocida que está con él.

Valen se frena en seco, porque se da cuenta justo en ese momento de lo que yo he percibido: que no está solo. Está con una chica a la que ni ella ni yo conocemos. Intenta normalizar la situación y sigue con su plan de entrar como si nada, pero yo le cojo el brazo para tomarnos un minuto. Mi primer instinto es evitar la sensación de mareo que me invade para salir de donde está el ventanal y esconderme en la zona de pared firme, donde Hugo no pueda verme. Ethan y Valentina me siguen y yo trato de aguantar la ola de sensaciones que me arrolla por dentro.

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—¿La conoces? —me pregunta ella.

imagen—No, su cara no me suena —respondo, procurando evitar cualquier emoción alarmante.

—Quizá va con él a clase —comenta Ethan, ante el silencio que hemos impuesto nosotras. Se me había olvidado por completo su presencia, y siento un poco de vergüenza por la situación. Aunque intento disimular, no puedo evitar que se me note un poco el enfado. Y es que se suponía que Hugo estaba en la residencia trabajando sin parar, ¿o no? Solo me faltaba esto hoy...

—Es verdad. Seguramente sea una compañera, Sofía. —Valen le da la razón, para tranquilizarme.

En silencio, me asomo por el ventanal otra vez y miro a esa chica que parece algo mayor que nosotros, rubia, con un corte de pelo de lo más moderno, asimétrico, bastante maquillada y con una frase tatuada en la parte interior de la muñeca que no alcanzo a leer. Seguimos ahí parados, de pie en la puerta, sin entrar y sin movernos. No me gusta, no puedo evitarlo, aunque sea una compañera de la academia. Aprieto los puños y me muerdo el labio para evitar decir algo de lo que me arrepienta.

—¿No vas a entrar a saludar? —me pregunta Valen.

Realmente, sería lo más natural, pero me niego en rotundo a hacerlo.

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—No, no. No quiero interrumpirles.

—Pero ¿no tenías ganas de verlo? —dice ella.

Es evidente que sí, pero en estas circunstancias no me apetece nada meterme ahí.

—Sí, pero es igual... —Niego con la cabeza—. Quizá están hablando de algún proyecto y yo no pinto nada. Mejor me voy a mi cuarto...

—De eso nada. Alma hoy ensaya hasta tarde, no te vas a quedar sola. Vente con nosotros, venga.

—No, Valen, de verdad...

—Déjate ya de no, no, no —se impone Valentina con su voz fuerte y su acento italiano. Cuando quiere, puede ser dura a más no poder—. Te vendrá bien escuchar un rato de buena música. Y cuando quieras, te vuelves a la resi; total, está aquí al lado.

No sé qué quiero hacer... Por un lado, quiero encerrarme en mi habitación y no salir nunca más y, por el otro, empiezo a saber por experiencia que esa nunca es la mejor opción. Miro a Valen de mala gana. Miro a través del cristal a Hugo hablando tan campante con su amiguita, ignorando por completo lo que está sucediendo aquí fuera. Vuelvo a mirar a mi amiga y, aunque no lo dice en voz alta, noto que telepáticamente me está advirtiendo de lo que ya sé: que si me voy a mi cuarto voy a estar rallándome sobre lo que hace Hugo y lo que deja de hacer, y sobre el concurso, y sobre todas las cosas malas que parecen rodearme últimamente, y me deprimiré más todavía. Por lo que acabo dándole la razón, y aceptando su propuesta. Valentina está acostumbrada a conseguir casi todo lo que se propone, y lo celebra.

—¡Claro que sí! Verás como te diviertes.

Yo asiento, aunque las posibilidades de que me divierta algo en este momento son prácticamenteimagen imagen nulas. Todo lo contrario de Hugo, que parece estar pasándoselo la mar de bien con esa desconocida...

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