





É
rase que se era, hace mucho mucho tiempo, una dragona enorme y terrorífi ca que siempre tenía hambre. Devoraba todo lo que encontraba a su paso y, cuando terminaba de comer, lanzaba grandes llamas al cielo para pedir más. El rugido de sus tripas ponía los pelos de punta. El rechinar de sus dientes daba una grima terrible. Y, en conjunto, toda ella era digna de protagonizar las peores pesadillas de niñas y niños.










