La primera jornada de la comedia es un modelo en este sentido puesto que en ella se expone clara y reiteradamente “el caso” de don Juan: se nos habla de su pasado lleno de engaños, se escenifican dos burlas (la de Isabela y la de Tisbea) y se ve al personaje desafiar sostenidamente a la justicia divina. De manera que a partir de aquí el resto de la obra será una ampliación, calculadamente reiterada, de la idea central con el propósito de que al espectador no le quede ninguna duda de lo que Tirso quiere enseñarle con su drama. Pero si pasamos del plano general –la primera jornada–, al detalle de las escenas concretas, son muchísmos los casos particulares que podrían citarse. Tomemos, por ejemplo, una escena que se encuentra, y creo que no es por casualidad, justo en la mitad de la comedia: don Diego le comunica a su hijo que el rey don Alfonso le destierra a Lebrija como castigo por haber burlado a Isabela. Como padre le amonesta y le advierte de las consecuencias de su comportamiento, aunque poco caso le hace don Juan, que ya está metido en el episodio de doña Ana de Ulloa. Lo que me interesa ahora es la intervención de don Diego:
D. DIEGO Traidor, Dios te dé el castigo que pide delito igual.
Mira que, aunque al parecer
Dios te consiente y aguarda,
su castigo no se tarda,
y que castigo ha de haber
para los que profanáis
su nombre; que es jüez fuerte
Dios en la muerte.
D. JUAN ¿En la muerte? ¿Tan largo me lo fiáis?
De aquí allá hay gran jornada.
D. DIEGO Breve te ha de parecer. (vv. 1436-1447)
[.......................]
D. DIEGO Pues no te vence castigo
con cuanto hago y cuanto digo,
a Dios tu castigo dejo. (vv. 1463-1465)
Esta escena, que no ocupa más de setenta versos, aparentemente tiene un valor episódico puesto que está embutida entre el pasaje de la burla a doña Ana de Ulloa. Pero no hay tal porque, precisamente, se trata de ver cómo justo antes de cometer una nueva tropelía Tirso hace que el padre del protagonista le advierta de los riesgos que corre al comportarse como lo está haciendo. Es decir, de nuevo quiere el autor de la pieza que el público entienda muy bien que, no obstante, la arrogancia del burlador, al final tendrá su merecido. Y para que la información llegue, repite la idea. Obsérvese que en menos de setenta versos aparece cinco veces la palabra “castigo” y cuatro la voz “Dios”. De modo que el mensaje no deja lugar a dudas, incluso lo sintetiza don Diego espléndidamente en este verso, justo antes de salir de escena, y que es una clarísma sentencia: “a Dios tu castigo dejo”.
Pero hay más. El lector atento habrá visto que en el fragmento que se acaba de citar figura una de las frases que don Juan repite una y otra vez en cada ocasión en la que alguien le recuerda que a todos nos llega el momento de la muerte y con ella el juicio implacable de Dios, el de un Dios justiciero que castiga a quienes en la vida han engañado, burlado y deshonrado al prójimo. Esta frase, procedente de un refrán bien conocido en el Siglo de Oro, no es otra que la de “¿Tan largo me lo fiáis?” o su variante “¡Qué largo me lo fiáis!”.
Pues bien, lo reseñable es que Tirso distribuye esta frase estratégicamente a lo largo de la comedia con el fin de ir no sólo repitiendo el mensaje, sino también elaborando un crescendo emocional que hace, por ejemplo, que en la jornada tercera, que es donde todo se resuelve, aparezca seis veces la muletilla con sus variantes “Tan largo me lo guardáis”, “Si tan largo me lo fiáis”, “Tan largo me lo fiáis” y “¡Qué largo me lo fiáis!”.
Precisamente esta frase aparece en la jornada tercera acompañada de unos músicos que cantan, y lo hacen con ocasión de las dos cenas habidas entre don Juan y la estatua de don Gonzalo. De manera que esa muletilla que resuena una y otra vez en la comedia alcanza su clímax dramático y escénico hacia el final de la representación, puesta en labios de unos músicos, pronunciada en un ambiente –y estoy pensado en la escena del convite macabro– tenebroso, de ultratumba y tétrico. Con lo que una parte de un refrán logra, en manos de un comediógrafo de la altura de Tirso, tener una fuerza teatral enorme y una capacidad también admirable de conmover las conciencias de los espectadores.
En consecuencia, nada hay de azaroso en la construcción de esta magnífica pieza. La reiteración de estas frases que ciertamente contienen la idea matriz de El Burlador, su acumulación al final del drama, los momentos cruciales en que don Juan pronuncia ese “Tan largo me lo fiáis” muestran bien a las claras que más allá de la creación de un personaje que acabaría convirtiéndose en un mito universal, Tirso quiso elaborar una tragicomedia de extraordinario vigor dramático y escénico.
5. OPINIONES SOBRE LA OBRA
«Catártica, sensual, numinosa, sembrada de comicidad a la vez que de serias implicaciones teológicas y políticas, El burlador de Sevilla proyecta a su nivel más alto el modo tragicómico de las grandes realizaciones de nuestro teatro clásico. Lo decisivo, sin embargo, no ha sido allí perfeccionar una fórmula preexistente que, como en otros casos aducibles, pudiera haber cuajado en voluntario confinamiento a una jaula de oro. La excelsa pieza va más allá no sólo en cuanto avance sobre el magno fenómeno de aquel teatro, sino también sobre el resto de la obra de su autor.»
(F. Márquez Villanueva, Orígenes y elaboración de “El burlador de Sevilla”, Salamanca, Universidad de Salamanca, 1996, p. 33)
«El burlador de Sevilla y Convidado de piedra, lejos de ser un texto descuidado o improvidado, refleja la planificación de una precisa, clara y eficaz estructura dramática cuyo eje fundamental de organización es el principio de bipolaridad, el cual configura en varios niveles –formal, ideológico o mítico– las dualidades dinámicas que determinan el texto como sistema dramatúrgico, dándole, a la vez, su coherencia formal, su ambigüedad ideológica y su profundidad mítica. Es ese principio de bipolaridad el que permite a su autor construir en su texto el conflicto de las contradicciones y antítesis definitorio de la conciencia de crisis de su tiempo.»
(F. Ruiz Ramón, Paradigmas del teatro clásico español, Madrid, Cátedra, 1997, p. 267)
«Tirso dibuja la irresistible ascensión de un personaje cuya pertinancia en el mal no alcanza límites ni freno en el terreno humano y en el divino. Desafiando las leyes del honor y la obediencia que debe a sus superiores en el orden familiar y social, desafía además a Dios, alzándose como vector de su propia ley y orden. Al margen de la mentira y el perjurio, o del crimen y la lujuria que caracterizan sus obras, don Juan encarna fundamentalmente la práctica del soberbio que aspira a convertirse en dios, único juez y señor de su vida. El perfeccionamiento en el mal, su afirmación en la burla, van encadenando una serie de metáforas e imágenes ascensionales en perfecta adecuación con el ritmo imparable y ascendente de sus actos.»
(A. Egido, “Sobre la demonología de los burladores (De Tirso a Zorrilla)”, Cuadernos de Teatro Clásico, 2, (1988), p. 37)
«El primer don Juan, sin recurrir todavía a sus sucesivas metamorfosis literarias, es, en sí, un verdadero crisol de simples complementarios: une la hazaña sexual (la burla y la posesión repetida de mujeres; el engaño de los hombres, padres, prometidos, que las defienden o aman), el sadismo y el cinismo con que desempeña su irreflenable –esencia semántica de burlar– ; la convicción maligna y el valor inusitado que le confiere su total indiferencia hacia las leyes sociales o divinas; su ciega competitividad en el mal, que raya en lo demoniaco, su apetito irreflenable...»
(H. Brioso Santos, prólogo a su edición de El burlador de Sevilla, Madrid, Alianza Editorial, 1999, p. 10)
«Si [don Juan] invierte el concepto del honor, hace lo mismo con el amor cortés, que exige del amante una postura servil frente a la dama, manifestada ante todo en un servicio y sufrimiento. Don Juan se aprovecha de la mujer, abusa de ella psíquicamente, juega con ella y la hace sufrir. Prefiere atropellarla, insultarla sin que ella lo sepa, pisarla, limpiarse los pies en ella; todo lo contrario del amante cortés, quien la colocaría en un pedestal, sufriría por ella e intentaría cualquier imposible para servirla. El burlador, fiel siempre al mundo al revés que le tipifica, trastrueca el masoquismo del amante cortés en sadismo.»
(J. Parr, “El burlador de Sevilla: una pieza clave y controvertida”, Anthropos, Extra 5, (1999), p. 70b)
«Al papel de confidente, ayudante y contraste que la economía dramática de la comedia del Siglo de Oro impone a la figura del gracioso, se suma en Catalinón el específico de consejero moral. Desempeña, pues, dos tareas fundamentales en El burlador: es la voz admonitoria que recuerda a don Juan la responsabilidad de sus pecados, justificando así las dimensiones del castigo final (una condenación verdaderamente extraña en el teatro aurisecular) y, en su función convencional de gracioso, provoca la risa del auditorio con una serie de recursos cuya topicidad no disminuiría su eficacia con el público coetáneo.»
(I. Arellano, prólogo a su edición de El burlador de Sevilla, Madrid, Espasa-Calpe, 1989, p. 47)
6. BIBLIOGRAFÍA ESENCIAL
Ediciones antiguas –El burlador de Sevilla, y combidado de piedra. Comedia famosa. Del Maestro Tirso de Molina. En Doze Comedias
Nuevas de Lope de Vega Carpio, y otros autores. Segunda parte, Barcelona, Gerónimo Margarit, 1630.
–El burlador de Sevilla, y combidado de piedra. Comedia famosa, del Maestro Tirso de Molina. En El mejor de los mejores libros que han salido de Comedias nuevas, Madrid, María de Quiñones, 1653 (abreviada).
–El burlador de Sevilla, y combidado de piedra. Comedia famosa. Del Maestro Tirso de Molina. En Sexta Parte de Comedias Nuevas Escogidas De los mejores Ingenios, Zaragoza, Herederos de Pedro Lanaja, 1654 (abreviada).
–El burlador de Sevilla, y Combidado de piedra. Comedia Famosa del Maestro Tirso de Molina (suelta abreviada impresa en 1673 por J. F. de Blas en Sevilla).
–Tan largo me lo fiays. Comedia famosa. de Don Pedro Calderón (suelta, sin lugar ni año).
Ediciones modernas –HARTZENBUSCH, J. E., Comedias escogidas de fray Gabriel Téllez (el maestro Tirso de Molina), juntas en colección e ilustradas por don Juan Eugenio Hartzenbusch, Madrid, Rivadeneyra, 1848.
–COTARELO Y MORI, E., Comedias de Tirso de Molina, Madrid, NBAE, 1907, vol. II.
–CASTRO, A., El vergonzoso en palacio. El burlador de Sevilla, Madrid, La Lectura, 1910.
–RÍOS, B. DE LOS, Obras dramáticas completas, Madrid, Aguilar, 1952, vol. II.
–GUENOUN, P., L’Abuseur de Séville. El burlador de Sevilla, París, Aubier-Éditions Montaigne, 1962.
–WADE, G. E., El burlador de Sevilla y Convidado de piedra, New York, Charles Scribner’s Son, 1969.
–CASALDUERO, J., El burlador de Sevilla y Convidado de piedra, Madrid, Cátedra, 1977.
–FERNÁNDEZ, X. A., El burlador de Sevilla y Convidado de piedra, Madrid, Alhambra, 1982.
–OLIVER, J. M., El burlador de Sevilla. La prudencia en la mujer, Barcelona, Plaza y Janés, 1984.
–ARELLANO, I., El burlador de Sevilla, Madrid, EspasaCalpe, 1989.
–VÁZQUEZ, L., El burlador de Sevilla y Convidado de piedra, Madrid, Revista Estudios, 1989.
–PRIETO, A., El burlador de Sevilla. El condenado por desconfiado, Barcelona, Planeta, 1990.
–RODRÍGUEZ LÓPEZ-VÁZQUEZ, A., El burlador de Sevilla
(atribuido a Tirso de Molina), Madrid, Cátedra, 1990. [Del mismo editor hay edición de la comedia atribuida a Andrés de Claramonte: Kassel, Edition Reichenberger, 1987.] –PARR, J., El burlador de Sevilla y Convidado de piedra, New York, State University of New York at Binghamton, 1994.
–SÁNCHEZ SÁNCHEZ, M., El burlador de Sevilla, Madrid, Castalia, 1997.
–BRIOSO SANTOS, H., El burlador de Sevilla, Madrid, Alianza Editorial, 1999.
Estudios –BAQUERO, A., Don Juan y su evolución dramática, Madrid, Editora Nacional, 1966.
–CASALDUERO, J., Contribución al estudio del tema de don Juan en el teatro español, Madrid, Porrúa Turanzas, 1975.
–CRUICKSHANK, D. W., “The First Edition of El burlador de Sevilla”, Hispanic Review, 49, (1981), pp. 443-467.
–EBERSOLE, A., Disquisiciones sobre “El burlador de Sevilla”, Salamanca, Almar, 1980.
–EGIDO, A., “Sobre la demonología de los burladores (De Tirso a Zorrilla)”, Cuadernos de Teatro Clásico, 2, (1988), pp. 37-54.
–FEAL, C., En nombre de don Juan: estructura de un mito literario, Amsterdam, Filadelfia, J. Benjamins, 1984.
–FERNÁNDEZ, X. A., “En torno al texto de El burlador de Sevilla y Convidado de piedra”, Segismundo, 9-14, (19691971), pp. 7-417.
–GENDARME DE BÉVOTTE, G., La légende de Don Juan,
Paris, Hachette, 1911.
–GUENOUN, P., “Crimen y castigo en El burlador de Sevilla”, en VV.AA., Homenaje a Tirso, Madrid, Revista Estudios, 1981, pp. 381-392.
–MÁRQUEZ VILLANUEVA, F., Orígenes y elaboración de “El
Burlador de Sevilla”, Salamanca, U. de Salamanca, 1996.
–MAUREL, S., L’universe dramatique de Tirso de Molina, Poitiers, Université, 1971.
–MENÉNDEZ PIDAL, R., “Sobre los orígenes del Convidado de piedra”, en Estudios literarios, Madrid, Espasa-Calpe, 1968, pp. 67-88.
–MOLHO, M., Mitologías. Don Juan. Segismundo, Madrid, Siglo XXI, 1993.
–PENDZIK, S., “Female Presence in Tirso’s El burlador de Sevilla”, Bulletin of the Comediantes, 47, 2, (1995), pp. 165-181.
–RODRÍGUEZ LÓPEZ-VÁZQUEZ, A., Lope, Tirso, Claramonte.
La autoría de las comedias más famosas del Siglo de Oro, Kassel, Edition Reichenberger, 1999.
–RUIZ RAMÓN, F., Paradigmas del teatro clásico español, Madrid, Cátedra, 1997.
–SAID ARMESTO, V., La leyenda de don Juan, Madrid, Espasa-Calpe, 1968.
–VÁZQUEZ, L., “Pasajes discutidos de El burlador: fijación textual e interpretación”, en L. Dolfi (ed.), Tirso de Molina: immagine e rappresentazione, Napoli, Pubblicazioni dell’Università degli Studi di Salerno, 1991, pp. 65-105.
–VITSE, M., “Modalidades y función de la burla en el doble convite de El burlador de Sevilla”, en L. Dolfi (ed.), Tirso de Molina: immagine e rappresentazione, Napoli, Pubblicazioni dell’Università degli Studi di Salerno, 1991, pp. 107-119.
–VV.AA., El mito de don Juan, Cuadernos de teatro clásico, 2, 1988.
–WADE, G. E., “The Authorship and the Date of Composition of El burlador de Sevilla y convidado de piedra”, Hispanófila, 32, (1968), pp. 1-22.
–WEINSTEIN, L., The Metamorphoses of Don Juan, Palo Alto, California, Stanford University Press, 1959.
7. LA EDICIÓN
Tomo como texto base para mi edición el de la príncipe, que apareció publicada a nombre de Tirso de Molina en el volumen Doze Comedias Nuevas de Lope de Vega Carpio, y otros autores. Segunda parte, Barcelona, Gerónimo Margarit, 1630. Desde el trabajo de Cruickshank sabemos que es probable que la portada de esta primera edición sea falsa y que El burlador proceda de un volumen anterior publicado en Sevilla por Manuel Sande entre 1627 y 1629.
Sea como fuere lo cierto es que el texto de la príncipe tiene no pocos errores que no sólo afectan a palabras concretas, sino también a la falta de versos para completar estrofas y a la medida correcta de los mismos. He seguido, en la mayoría de los casos, la práctica de buena parte de los editores modernos que consiste en enmendar la príncipe con las lecturas que ofrece el Tan largo me lo fiáis, texto probablemente impreso entre 1650-1660 y atribuido sin fundamento a Calderón, y que básicamente es muy parecido al texto de El burlador. Con todo, ha habido ocasiones en las que no he tenido más remedio que enmendar según las lecturas hipotéticas llevadas a cabo por otros editores contemporáneos. No se me oculta que de este modo estoy ofreciendo al lector de esta edición simples conjeturas, pero he preferido hacerlo así antes que editar un texto en el que faltaran versos. Dada la índole de esta edición, creo que es lo mejor que se podía hacer.
He regularizado las indicaciones de personajes que hablan y la disposición gráfica del texto, he resuelto las abre viaturas, modernizado la puntuación, así como las grafías siempre y cuando no alteraran la fisonomía fonética de la palabra, de ahí que haya mantenido la reducción de grupos consonánticos, las asimilaciones, las contracciones, las oscilaciones, etc. Cualquier añadido o enmienda al texto de la príncipe va entre corchetes. Los apartes los señalo con paréntesis.
Mi intención ha sido el ofrecer un texto cuidado y depurado, sin aparato crítico, pero con rigor textual, un texto que resulte accesible al lector de nuestro tiempo. En este sentido, la anotación busca allanar las dificultades que se le pueden presentar a cualquier lector no familiarizado con las obras del Siglo de Oro. A este respecto me han resultado muy útiles las anotaciones realizadas por los editores modernos que me han precedido.
II. El burlador de Sevilla y convidado de piedra
COMEDIA FAMOSA DEL MAESTRO TIRSO DE MOLINA
REPRESENTÓLA ROQUE DE FIGUEROA 1
HABLAN EN ELLA LAS PERSONAS SIGUIENTES
DON DIEGO TENORIO, viejo
DON JUAN TENORIO, su hijo
CATALINÓN, lacayo
EL REY DE NÁPOLES
EL DUQUE OCTAVIO
DON PEDRO TENORIO, tío
EL MARQUÉS DE LA MOTA
DON GONZALO DE ULLOA
EL REY DE CASTILLA, ALFONSO XI
FABIO, criado
I<2>SABELA, Duquesa
TISBEA, pescadora
BELISA, villana
_________________
Roque de Figueroa: fue uno de los más importantes empresarios teatrales (autores de comedias) del siglo XVII. Murió en 1651.
ANFRISO, pescador
CORIDÓN, pescador
GASENO, labrador
BATRICIO, labrador
RIPIO, criado
[DLLOA]
[AMINTA, villana]
ACOMPAÑAMIENTO
CANTORES
GUARDAS
CRIADOS
ENLUTADOS
MÚSICOS
PASTORES
PESCADORES
JORNADA PRIMERA
[En Nápoles en el palacio real]
Sale SABELA, duquesa.
I<2>SABELA Duque Octavio, por aquí podrás salir más seguro.
D. JUAN Duquesa, de nuevo os juro de cumplir el dulce sí. 2
I<2>SABELA Mis glorias, serán verdades
promesas y ofrecimientos, regalos y cumplimientos,
_________________ cumplir el dulce sí: don Juan jura, y lo hace en falso, cumplir la palabra de matrimonio que le ha dado a Isabela.
voluntades y amistades.
D. JUAN Sí, mi bien.
I<2>SABELA Quiero sacar una luz.
D. JUAN Pues, ¿para qué? 10
I<2>SABELA Para que el alma dé fe
del bien que llego a gozar.
D. JUAN Mataréte la luz 3 yo.
I<2>SABELA ¡Ah, cielo! ¿Quién eres, hombre?
D. JUAN ¿Quién soy? Un hombre sin nombre. 15
I<2>SABELA ¿Que no eres el duque?
D. JUAN No.
I<2>SABELA ¡Ah de palacio!
D. JUAN Detente.
Dame, duquesa, la mano.
I<2>SABELA No me detengas, villano.
¡Ah del rey! ¡Soldados, gente! 20
Sale el ÁPOLES, con una vela en un candelero.
REY ¿Qué es esto?
I<2>SABELA ¡El rey! ¡Ay, triste!
REY ¿Quién eres?
D. JUAN ¿Qué ha de ser?
Un hombre y una mujer.
REY Esto en prudencia consiste.
¡Ah de mi guarda! Prendé 4 25
a este hombre.
_________________
Mataréte la luz: la apagaré.
Prendé: forma apocopada del imperativo corriente en la lengua de la comedia áurea, al igual que cerrá, vení, decí, etc.
I<2>SABELA ¡Ay, perdido honor!
Sale ENORIO, embajador de España, y UARDA
[D. PEDRO] ¡En tu cuarto, gran señor voces! ¿Quién la causa fue?
REY Don Pedro Tenorio, a vos
esta prisión os encargo. 30
Siendo corto, andad vos largo: 5 mirad quién son estos dos.
Y con secreto ha de ser,
que algún mal suceso creo;
porque si yo aquí lo veo, 35
no me queda más que ver.
Vase el EY.
D. PEDRO ¡Prendelde! 6 D. JUAN ¿Quién ha de osar?
Bien puedo perder la vida,
mas ha de ir tan bien vendida
que a alguno le ha de pesar. 40
D. PEDRO ¡Matalde!
D. JUAN ¿Quién os engaña?
Resuelto en morir estoy,
porque caballero soy
del embajador de España.
_________________
Don Pedro... largo: el rey le encarga a don Pedro que investigue este asunto hasta el final, lo antes posible y con discreción.
Prendelde: prendedle. Metátesis propia de la lengua de la comedia. Poco más abajo aparecerá Matalde. No lo anotaré más.
Llegue; que solo ha de ser 45
quien me rinda.
D. PEDRO Apartad; a ese cuarto os retirad
todos con esa mujer.
Vanse los otros.
Ya estamos solos los dos;
muestra aquí tu esfuerzo y brío. 50
D. JUAN Aunque tengo esfuerzo, tío, no le tengo 7 para vos.
D. PEDRO Di quién eres.
D. JUAN Ya lo digo:
tu sobrino.
D. PEDRO (¡Ay, corazón,
que temo alguna traición!) 55
¿Qué es lo que has hecho, enemigo?
¿Cómo estás de aquesta suerte?
Dime presto lo que ha sido. ¡Desobediente, atrevido!
Estoy por darte la muerte. 60
Acaba.
D. JUAN Tío y señor,
mozo soy y mozo fuiste;
y pues que de amor supiste,
tenga disculpa mi amor.
Y pues a decir me obligas 65
la verdad, oye y diréla:
_________________ le tengo: caso de leísmo. Es habitual en Tirso y en otros comediógrafos, sobre todo en Lope de Vega.
yo engañé y gocé 8 a Isabela,
la duquesa.
D. PEDRO No prosigas,
tente. ¿Cómo la engañaste?
Habla quedo, y cierra el labio. 9 70
D. JUAN Fingí ser el duque Octavio.
D. PEDRO No digas más. ¡Calla! ¡Bast[e]!
(Perdido soy si el rey sabe este caso. ¿Qué he de hacer?
Industria 10 me ha de valer 75
en un negocio tan grave).
Di, vil, ¿no bastó emprender
con ira y fuerza extraña
tan gran traición en España
con otra noble mujer, 80
sino en Nápoles también,
y en el palacio real,
con mujer tan principal?
¡Castíguete el cielo, amén! 11
Tu padre desde Castilla 85
a Nápoles te envió,
y en sus márgenes te dio
tierra la espumosa orilla
del mar de Italia, atendiendo 12
_________________ gocé: gocé sexualmente.
Habla quedo y cierra el labio: don Pedro le pide a su sobrino que hable bajo y con los labios semicerrados.
Industria: ingenio, capacidad de maquinar argucias y tretas.
¡Castíguete el cielo, amén!: éste es el primer caso en la comedia en el que un personaje le advierte a don Juan que el cielo le va a castigar por su comportamiento.
atendiendo: esperando.
que el haberte recebido 13 90
pagaras agradecido,
¡y estás su honor ofendiendo,
y en tan principal mujer!
Pero en aquesta ocasión
nos daña la dilación. 95
Mira qué quieres hacer.
D. JUAN No quiero daros disculpa,
que la habré de dar siniestra, 14
mi sangre es, señor, la vuestra;
sacalda, y pague la culpa. 100
A esos pies estoy rendido,
y ésta es mi espada, señor.
D. PEDRO Álzate, y muestra valor,
que esa humildad me ha vencido.
¿Atreveráste a bajar 105
por ese balcón?
D. JUAN Sí atrevo, 15
que alas en tu favor llevo.
D. PEDRO Pues yo te quiero ayudar.
Vete a Sicilia o Milán, 16
donde vivas encubierto. 110
D. JUAN Luego17 me iré.
D. PEDRO ¿Cierto?
_________________ recebido: recibido. En la época de Tirso se mantiene la vacilación de timbre en las vocales átonas.
siniestra: indebida.
Sí atrevo: omisión del pronombre me por razones métricas.
Sicilia o Milán: un nuevo ejemplo, de los muchos que hay en el teatro de Tirso, de voluntaria falta de rigor histórico. Sicilia y Milán no eran españolas en el momento en el que se desarrollan los acontecimientos de esta obra, el siglo XIV, pero sí que lo eran cuando se estrenó la pieza, en el XVII.
Luego: inmediatamente, enseguida.
D. JUAN Cierto.
D. PEDRO Mis cartas te avisarán
en qué para este suceso triste, que causado has.
D. JUAN (Para mí alegre dirás.) 115
Que tuve culpa confieso.
D. PEDRO Esa mocedad te engaña.
Baja, pues, ese balcón.
D. JUAN (Con tan justa pretensión,
gozoso me parto a España). 120
Vase UAN y entra el EY.
D. PEDRO Ya ejecuté, gran señor, tu justicia justa y recta, e[n] hombre...
REY ¿Murió?
D. PEDRO Escapóse de las cuchillas 18 soberbias.
REY ¿De qué forma?
D. PEDRO De esta forma 125
aun no lo mandaste apenas, cuando sin dar más disculpa, la espada en la mano aprieta, revuelve la capa al brazo, 19
y con gallarda presteza, 130
ofendiendo a los soldados y buscando su defensa,
_________________ cuchillas: espadas.
revuelve la capa al brazo: se enrolla la capa al brazo para protegérselo al no llevar escudo.
viendo vecina la muerte,
por el balcón de la huerta
se arroja desesperado. 135
Siguióle con diligencia
tu gente. Cuando salieron
por esa vecina puerta,
le hallaron agonizando
como enroscada culebra. 140
Levantóse, y al decir
los soldados: «¡Muera, muera!»,
bañado con sangre el rostro,
con tan heroica presteza
se fue, que quedé confuso. 145
La mujer, que es Isabela,
æque para admirarte nombroæ
retirada en esa pieza,
dice que es el duque Octavio
quien, con engaño y cautela, 20 150
la gozó.
REY ¿Qué dices?
D. PEDRO Digo lo que ella propia confiesa.
REY ¡Ah, pobre honor! Si eres alma
del [hombre], ¿por qué te dejan
en la mujer inconstante, 155
si es la misma ligereza? 21
¡Hola! 22
_________________ cautela: traición, engaño, doblez.
ligereza: inconstancia.
¡Hola!: así se llamaba a las personas de inferior condición social, especialmente a los criados.
Sale un RIADO.
CRIADO ¿Gran señor?
REY Traed
delante de mi presencia
esa mujer.
D. PEDRO Ya la guardia
viene, gran señor, con ella. 160
Trae la UARDA a SABELA.
I<2>SABELA ¿Con qué ojos veré al rey?
REY Idos, y guardad la puerta
de esa cuadra. 23 Di, mujer,
¿qué rigor, qué airada estrella 24
te incitó, que en mi palacio, 165
con hermosura y soberbia,
profanases sus umbrales?
I<2>SABELA Señor...
REY Calla, que la lengua no podrá dorar el yerro 25
que has cometido en mi ofensa. 170
¡Aquél era del duque Octavio!
I<2>SABELA Señor...
REY [No], no importan fuerzas, 26
_________________ cuadra: aposento, habitación.
qué airada estrella: es frecuente en la comedia barroca el considerar que los personajes actúan bajo el influjo de los astros.
Juega Tirso con el doble sentido de yerro: “hierro” y “error”, es decir, “lo que digas no podrá cambiar, darle mejor apariencia, al error que has cometido”.
fuerzas: fortalezas, castillos.