Teatro breve del Siglo de Oro Loas y entremeses

Varios autores

Fragmento

cap-1

INTRODUCCIÓN

1. PERFILES DE LA ÉPOCA

Los autores representados en esta antología corresponden a los siglos XVI y XVII, que se suelen denominar en su conjunto Edad de Oro, o Siglos de Oro, o, cuando se delimitan, Renacimiento el primero y Barroco el segundo —ambos conceptos discutidos por importantes críticos en lo que respecta a su valor para caracterizar a España—. Entre esos dos periodos algunos estudiosos colocan todavía el Manierismo.

En el comienzo del XVI se producen importantes fenómenos nuevos históricos y culturales: unidad monárquica, expansión a las Indias, descubiertas para la corona de España por Cristóbal Colón en 1492, apertura a Europa, reforma religiosa impulsada por Cisneros, influencia de Erasmo y conflictos religiosos y políticos... En la literatura la influencia de los nuevos modos italianos triunfa en la poesía de Garcilaso y toda la corriente petrarquista que se desarrolla en los dos siglos con evoluciones diversas.

En el cambio del XVI al XVII, la mayoría de los estudiosos señalan el paso de una etapa hegemónica en el panorama político, militar y cultural, a una etapa de crisis característica del llamado Barroco. Se agudiza la despoblación y la pobreza. Las riquezas que llegan de Indias no producen bienestar: las disfunciones en el sistema económico impulsan el aumento de la inflación, y no existen inversiones productivas, bloqueadas por barreras sociales e ideológicas que consideran infame el trabajo manual hasta el punto de que solo los plebeyos pueden ejercerlo. El general sentimiento de desorientación en distintas vertientes de la visión barroca del mundo, influye sin duda en la creación literaria.

Con la subida al poder de Olivares, a la muerte de Felipe III y la coronación de Felipe IV, la situación toma nuevos rumbos. El Conde Duque de Olivares intenta poner en práctica un conjunto de medidas regeneracionistas, que despiertan muchas expectativas pero que no consiguen sus objetivos.

Es el Barroco un periodo de honda crisis social. La expulsión de los moriscos en 1609 es una significativa manifestación. Para alcanzar determinados rangos y niveles sociales o ingresar en el clero, en los colegios universitarios o en las escalas del funcionariado palatino, es preciso demostrar que se es limpio de sangre, cristiano viejo, sin mezcla de moros o judíos. Frente a los marginados (moriscos, judíos, pero también negros —en el sur, Sevilla, sobre todo, abundan—, pobres, etc.) se erige la clase de la nobleza como cima de la estructura social.

Los reinos de Portugal y Cataluña se sublevan en 1640, y la posición del privado se tambalea. El año de 1643 asiste a la derrota de Rocroi y a la caída de Olivares. La Paz de Westfalia de 1648 marca simbólicamente el final del poder español. La segunda parte del XVII contempla un esplendor cultural que irá decayendo y que en el teatro puede considerarse finalizado a la muerte de Calderón, en 1681. El rey Carlos II, último de los Austrias, muere en 1700, sin descendencia.

Ha terminado una época, dos siglos, con los naturales episodios históricos, variados y de gran importancia en la conformación del mundo de su tiempo; y con un conjunto de creaciones artísticas de primer orden debidas a pintores como el Greco, Velázquez, Murillo, Zurbarán...; arquitectos como Juan de Herrera, constructor de El Escorial; músicos cantados por los poetas, como Salinas, admirado por Fray Luis de León; y en la literatura el mayor contingente de genios que ha dado la cultura española, desde Garcilaso a San Juan de la Cruz, Lope, Cervantes, Góngora, Quevedo, Calderón...

En lo que respecta al teatro se ha producido un desarrollo y evolución fundamental en la historia cultural española. Desde aquellos espectáculos de tiempos de Lope de Rueda (el primer autor seleccionado en esta antología) que recordaba Cervantes, con precarios medios y en tablados callejeros, hasta las grandes fiestas cortesanas con brillantez de efectos maravillosos en el Coliseo del Buen Retiro, todo un despliegue de formas, géneros y modalidades escénicas ha constituido el más importante conjunto teatral de la Europa de su tiempo y de muchos otros tiempos. El genial Lope de Vega hace triunfar la fórmula de la comedia nueva en los corrales, en todas sus variedades: comedias de santos, de capa y espada, villanescas, bélicas, pastoriles, bíblicas, tragedias a la española... Calderón desarrollará la máquina del teatro de corral y la fastuosa exhibición de las fiestas de palacio y los autos sacramentales... en suma, un formidable instrumento de indagación universal, en lo ético y lo estético, que irá renovándose y adaptándose hasta su límite en los epígonos de Calderón.

En ese marco se inserta una modalidad, la del teatro breve, manifestado en especies diversas, desde la loa de captación de benevolencia hasta el baile o la mojiganga y los matachines, pasando por el entremés, el entremés cantado, la jácara, la loa sacramental, o la folla...

En ese teatro breve se descubren dos tendencias relacionadas con el panorama histórico y cultural: el elogio del sistema monárquico nobiliario (véanse, por ejemplo, las loas cortesanas) y la sátira costumbrista (relacionada con la sensación de crisis y corrupción social). Teatro breve, pero no “menor”, como a veces se le ha llamado, nos ofrece, incluso en su lenguaje y mecanismos escénicos, una excelente muestra de ese gran fenómeno teatral que protagoniza en buena parte el mundo cultural de los Siglos de Oro.

2. CRONOLOGÍA

AÑO

AUTOR-OBRA

HECHOS HISTÓRICOS

HECHOS CULTURALES

1499

Primera edición de La Celestina.

1502

Comienza a imprimirse la Biblia políglota complutense (1502-1520).

1504

Muere Isabel la Católica.

1511

Erasmo: Elogio de la locura.

1516

Muere Fernando el Católico.

1530

Coronación de Carlos V como emperador.

1545

Comienza el Concilio de Trento.

1547

Nace Cervantes.

Batalla de Mulhberg contra los protestantes.

1554

El Lazarillo de Tormes.

1563

Se inicia la construcción de El Escorial.

1565-66?

Muere Lope de Rueda.

1567

Timoneda publica El deleitoso, con siete pasos de Lope de Rueda.

1568

Guerra de las Alpujarras.

1570

Timoneda publica el Registro de representantes, con seis pasos de Rueda.

1571

Batalla de Lepanto en la que participa Cervantes.

1572

Es bautizado Rojas Villandrando.

1580

Nace Quevedo.

Portugal se incorpora a la Corona española.

Obras de Garcilaso con las Anotaciones de Herrera.

1581

Nace Quiñones de Benavente.

1582

Muere Santa Teresa. Nace el Conde Villamediana.

1584

Nace Castillo Solórzano.

1586

Nace Antonio Hurtado de Mendoza.

1591

Muere Fray Luis de León.

1592

Muere Montaigne.

1594

Nace Francisco Bernardo de Quirós.

1598

Muere Felipe II.

1599

Nace Velázquez. Primera parte del Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán.

1600

Nace en Madrid don Pedro Calderón de la Barca.

Se autorizan las representaciones teatrales que habían sido prohibidas en 1597. Se publica el Romancero general.

1601

Traslado de la Corte a Valladolid (hasta 1606). Sitio de Ostende.

1602

Segunda parte apócrifa del Guzmán de Alfarache. Lope de Vega publica Rimas y La hermosura de Angélica. Nace Pérez de Montalbán.

1603

Publicación de El viaje entretenido de Rojas.

1604

Segunda edición del Romancero general. Primera parte de las Comedias de Lope de Vega. Se imprime en Lisboa la segunda parte del Guzmán de Alfarache.

1605

Se publica la primera parte del Quijote.

Nace el príncipe Felipe, futuro rey Felipe IV.

Se publica La pícara Justina de López de Úbeda y Flores de poetas ilustres, de Pedro de Espinosa.

1607

Suspensión de pagos de la Corona española. Batalla de Gibraltar. Misiones jesuitas en Paraguay.

Estreno de Orfeo de Monteverdi. Nace Rojas Zorrilla.

1608

Quevedo escribe el Sueño del infierno. Calderón ingresa en el Colegio Imperial de los Jesuitas de Madrid.

1609

Expulsión de los moriscos. Tregua de los Doce Años. Crisis económica.

Lope de Vega publica el Arte nuevo de hacer comedias y La Jerusalén conquistada.

1611

Se publican las Obras de Luis Carrillo y Sotomayor y Tesoro de la lengua castellana de Covarrubias. Suspensión de las representaciones teatrales. Nace Antonio de Coello.

1613

Góngora da a conocer el Polifemo y las Soledades.

1614

Mueren Mateo Alemán y el Greco. Rimas sacras, de Lope.

1615

Cervantes: Ocho comedias y ocho entremeses nuevos y la segunda parte del Quijote.

1616

Muere Cervantes. Publicación póstuma de Los Trabajos de Persiles y Sigismunda.

Muere Shakespeare.

1617

Fecha posible del entremés de La cárcel de Sevilla. Se representa, en una fiesta de Lerma, el entremés de Miser Palomo, de Hurtado de Mendoza.

1618

Nace Moreto.

Comienza la Guerra de los Treinta Años. Conjuración de Venecia.

Nace Murillo.

1621

Muere Felipe III y sube al trono Felipe IV. Privanza del conde duque de Olivares. Fin de la Tregua de los doce años.

Lope de Vega publica La Filomena y La Andrómeda. Tirso de Molina publica Los cigarrales de Toledo.

1622

Asesinato del conde de Villamediana. Nace Molière.

1624

Richelieu, ministro de Luis XIII. Muere el Duque de Osuna.

1625

Conquista de Breda por Spínola. Muere el Duque de Lerma. Reconquista de Bahía en Brasil, a los holandeses. Ocupación francesa de la Valtelina.

Rendición de Bredá, de Velázquez. Nace Diamante.

1627

Muere Luis de Góngora.

1629

Nace el príncipe Baltasar Carlos.

1630

Paz con Inglaterra.

1631

Lope de Vega: El castigo sin venganza. Mueren Guillén de Castro y Bartolomé Leonardo de Argensola. Pacheco de Narváez denuncia a la Inquisición. El Buscón y otras obras de Quevedo.

1632

Se publica La Dorotea de Lope de Vega. Nacen Locke y Spinoza.

1634

Se inaugura el Coliseo del Buen Retiro con la obra de Calderón El nuevo palacio del Retiro, auto sacramental.

Batalla de Nordlingen.

Aparece la Parte tercera de las Comedias de Tirso de Molina.

1635

Francia declara la guerra a España.

Se publican la Segunda y Cuarta parte de las Comedias de Tirso de Molina y Deleitar aprovechando del mismo autor. Mueren Lope de Vega y Salas Barbadillo.

1636

Se publica la Quinta parte de las Comedias de Tirso de Molina.

1637

Descartes: El discurso del método.

1638

Muere Pérez de Montalbán.

1640

Rebelión de Cataluña en el Corpus de Sangre. Levantamiento de Lisboa.

Primera parte de Comedias de Rojas.

1642

Las tropas francesas entran en Cataluña. Caída de Olivares. Le sucede don Luis de Haro. Muere Richelieu sustituido por Mazarino.

Baltasar Gracián: Agudeza y arte de ingenio. Nace Agustín de Salazar.

1643

Batalla de Rocroy (derrota española).

1644

Mueren Luis Vélez de Guevara, Mira de Amescua y Antonio Hurtado de Mendoza. Se cierran los corrales de comedias.;

1645

Se publica Jocoseria de Luis Quiñones de Benavente. Se abren los corrales de comedias. Muere Francisco de Quevedo.

Muere el Conde Duque de Olivares.

1646

Muere el príncipe Baltasar Carlos. Se prohíben las representaciones teatrales en señal de luto. Motines en Nápoles.

1648

Se publica El Parnaso español con parte de la obra poética de Quevedo. Muere Castillo Solórzano.

Paz de Westfalia. Gran peste (durará hasta 1652).

Mueren Saavedra Fajardo, Rojas Zorrilla y Tirso de Molina. Petición para reanudar las representaciones teatrales.

1649

Boda de Felipe IV con Mariana de Austria.

1650

Muere Descartes.

1651

Muere Quiñones de Benavente. Calderón se ordena sacerdote.

Problemas monetarios. Motines en Andalucía.

Se publica El Criticón de Baltasar Gracián. Nace Sor Juana Inés de la Cruz.

1654

Primera parte de Comedias de Moreto.

1655

Muere Jerónimo de Cáncer y Velasco. Calderón: El gran teatro del mundo.

1656

Publicación de Obras de Bernardo de Quirós.

1658

Muere Baltasar Gracián.

1659

Paz de los Pirineos.

1660

María Teresa de Austria, hija de Felipe IV, se casa con Luis XIV.

Muere Velázquez.

1661

Muere Cubillo de Aragón.

1662

Nace Bances Candamo.

1664

Se publica la Tercera parte de Comedias de Calderón.

Muere Zurbarán.

1665

Muere Felipe IV. Le sucede Carlos II y la regencia de Mariana de Austria. Se prohíben las representaciones teatrales.

1668

Muere Francisco Bernardo de Quirós.

Paz de Aquisgrán entre Luis XIV y Carlos II. Independencia de Portugal.

1669

Muere Agustín Moreto.;

1670

Se publican Las tres musas últimas castellanas con obras de Quevedo. Calderón estrena en el Coliseo del Buen Retiro Fieras afemina amor.

1673

Muere Molière

1675

Mayoría de edad de Carlos II.

1677

Calderón publica un volumen de doce autos sacramentales. Aparece la Quinta parte de Comedias, sin autorización del autor.

1679

Muere don Juan de Austria.

1681

Muere Calderón el 25 de mayo.

1700

Muere Carlos II.

1704

Muere Bances Candamo.

1722

Publicación de Poesías cómicas de Bances Candamo, principal edición de sus piezas teatrales.

3. FORMAS DE TEATRO BREVE

3.1. LOS AUTORES Y LAS OBRAS

Las loas y entremeses son piezas de duración breve, que acompañaban en el Siglo de Oro a las comedias y autos sacramentales, en la conformación del espectáculo global, que podía integrar también, según las ocasiones, bailes, mojigangas, jácaras y otras categorías de complementos.

 

El entremés

El entremés es, sin duda, la modalidad estelar del teatro breve. La primera definición precisa, como recuerda Eugenio Asensio, la trae el Diccionario de Autoridades:

Representación breve, jocosa y burlesca, la cual se entremete de ordinario entre una jornada y otra de la comedia para mayor variedad o para divertir y alegrar el auditorio.

A diferencia de las loas, el entremés siempre es cómico. Tiene su precedente en los pasos renacentistas en los que destacó Lope de Rueda, especie de intermedios cómicos dentro de la comedia, convertidos luego en entremeses al desgajarse de la acción central —con la que guardaban muy poca relación— y constituirse en piezas autónomas (otra génesis propone A. de la Granja).

La comicidad acerca al entremés, en la práctica del teatro del Siglo de Oro, a la sátira. La crítica de los vicios no está obligatoriamente ligada al tono jocoso, pero los poetas suelen a menudo elegir el estilo risible para denunciar las corrupciones y extravagancias de su sociedad.

Para cumplir este objetivo, el entremés echa mano de dos ingredientes básicos: el primero es la pintura de la sociedad contemporánea, con la adopción del habla y las costumbres cotidianas; el segundo es el mundo de la literatura, que le proporciona muchos elementos —personajes, asuntos y mecanismos expresivos— y le permite ingeniosas exploraciones intertextuales. De ahí que hayamos de tener cuidado al observar lo que a veces se ha llamado “realismo” del entremés: ese “realismo” es solo el punto de partida para proceder luego a una “desrealización” artística, caricaturesca casi siempre, según una serie de técnicas literarias y teatrales bien elaboradas en los mejores autores del género, como Rueda, Cervantes, Calderón, Quevedo o Quiñones de Benavente.

El itinerario del entremés lo ha trazado con maestría Eugenio Asensio, y es inevitable citar reiteradamente sus conclusiones: en sus inicios se escribía en prosa y se limitaba a una caracterización caricaturesca de algunos personajes cómicos, especialmente el del bobo. Con Lope de Rueda los tipos tradicionales enriquecen sus matices y se amplía la visión realista del entorno, lo cual permite una inserción más costumbrista de la comicidad literaria. A partir del XVII se da el paso definitivo de la prosa al verso, en paralelo con la versificación polimétrica de la comedia. En la etapa de 1600-1620 se afirma la utilización del verso y el retratismo caricaturesco propiciado por la elaboración literaria de las “figuras” (ver el entremés de Castillo Solórzano titulado El comisario de figuras).

Cervantes enriquece con materiales novelescos y refina literariamente el entremés, dotándolo de nuevos temas, ideas y técnicas. Quevedo constituye otra de las cimas en cuanto a la elaboración lingüística del discurso verbal. El dominio teatral de Calderón y la dedicación exclusiva de Quiñones supondrán nuevos aportes fundamentales. De todos ellos se incluyen muestras en la presente antología.

En el enorme corpus de entremeses de los siglos XVI y XVII resulta difícil establecer una clasificación que facilite su estudio. Asensio distingue entre los de acción, acción y ambiente y los de revista de personajes. Hannah Bergman (ver su edición de Ramillete de entremeses y bailes) contempla los entremeses de enredo, de costumbres y de carácter, según destaque la peripecia —basada a menudo en un esquema de burla— , la descripción del ambiente, o el personaje.

Otra tipología básica establece Huerta Calvo, según predomine la acción (serían los casos de La cueva de Salamanca, El dragoncillo...), la presentación del ambiente en cuadros costumbristas de la vida cotidiana (Las calles de Madrid, Elguardainfante...), o la exploración de determinadas categorías de personajes extravagantes (figuras): El examinador Miser Palomo, de Hurtado de Mendoza; El comisario de figuras, de Castillo Solórzano; El marido pantasma, de Quevedo, etc.

En algunas piezas interesa sobre todo la experimentación con el lenguaje, y en otras alcanza especial protagonismo el disfraz o el gesto.

Es importante percibir que en el conjunto del espectáculo teatral de la Edad de Oro no solo existen comedias serias, tragedias y dramas de honor: las comedias cómicas son un polo fundamental en su indagación de la risa, en cuya vía los entremeses constituyen las piezas más significativas. En efecto, en el entremés la óptica jocosa lo domina todo, todos los personajes están inmersos en la ridiculización, y la comicidad responde casi siempre al bajo estilo de la comedia antigua, lo que explica que en ocasiones se denomine comedia antigua a los entremeses.

Su corta extensión impide tramas de enredo complicado, como en la comedia de capa y espada, pero no deja de esbozar episodios de burlas bien preparadas contra los cortos de ingenio, que no son siempre los que lo parecen. La técnica del burlador burlado es una de las favoritas del entremés.

La galería de tipos se nutre de los mismos que aparecen en la poesía satírica, la novela picaresca o las obras costumbristas. Personajes especialmente significativos del mundo entremesil son el bobo o simple, el vejete enamorado, alguaciles y alcaldes, sacristanes y estudiantes, pidonas y celestinas... Representantes de los bajos oficios (sastres, venteros, pasteleros, criados, pajes) y representantes degradados de los hidalgos miserables y chanflones, rufianes y hampones, prostitutas y alcahuetas, pululan en el mundo del entremés, lo mismo que en la literatura burlesca y satírica de otros géneros. A menudo el mismo título hace referencia a este protagonismo de las figuras ridículas: basta repasar la colección de Cotarelo para encontrar, por ejemplo, entremeses de los alcaldes encontrados, de los baladrones, del borracho, de los valientes presumidos, de las brujas, de las dueñas, de las busconas de Madrid, de los podridos, de los monigotes, de la melindrosa, del sacristán Chinchilla, del sacristán Bonami, del sacristán Berenjeno...

La índole caricaturesca de estos personajes hacía especialmente importante la habilidad cómica de los actores: las noticias que nos han llegado de Rueda y que Cervantes transmite, tienen que ver precisamente con la cualidad histriónica de este escritor y actor. No le iba a la zaga en el XVII el famosísimo Cosme Pérez, alias Juan Rana, para quien se escribieron más de cuarenta piezas del género, una de las cuales es El guardainfante, de Benavente.

La lengua explota todos los recursos de la comicidad: hablas dialectales, latín macarrónico, vocabulario popular, conjuros ridículos, lenguaje de germanía, metáforas jocosas, juegos de palabras, etc. De todos estos recursos se verán ejemplos abundantes en los entremeses aquí publicados; los principales se apuntan en las notas al texto.

Otros géneros breves

Al lado del entremés hay otros géneros del teatro breve, que merecen mencionarse.

La loa es una especie de introducción al espectáculo, con varias funciones, en especial la captación de benevolencia del público, cuya ciudad se elogia, al cual se presenta la compañía de actores, o al que se divierte con algunos chistes e ingeniosidades. La loa de corral (Rojas Villandrando recogió muchas en su Viaje entretenido) suele ser cómica, pero las loas cortesanas y sacramentales son de índole muy diferente. En estos casos se trata de piezas que sirven de presentación a las comedias o autos que constituyen el espectáculo central, avanzando motivos doctrinales o exaltando a los personajes reales que van a ser los espectadores de la representación palaciega; desempeñan en ambos casos funciones teológico políticas más complejas.

El baile dramático es, según Cotarelo, un “intermedio literario en el que además entran como elementos principales la música, el canto y sobre todo el baile”. La proporción de ingrediente literario y de la música y baile es variable y da lugar a modalidades que suelen distinguir los estudiosos, pero que a mi juicio no resultan esencialmente diferentes: van del baile puro al baile entremesado, que no se podría diferenciar mucho del entremés bailado o cantado.

Las jácaras son romances cantados que en la modalidad dramática popular describen las aventuras de los jaques (rufianes, valentones). Pueden representarse o cantarse de manera autónoma en un complejo espectacular determinado, o integrarse en la representación entremesil. Hay alguna jácara de tema cortesano y también a lo divino, pero su universo habitual es el mundo de gemianía, el mismo que se refleja en el Entremés de la Cárcel de Sevilla. Las jácaras poéticas más famosas son las de Quevedo; magníficas jácaras teatrales son las de Calderón: Jácara del Mellado y Jácara de Carrasco; o de Solís Celos de un jaque y satisfacción de una marca.

La mojiganga es una especie de mascarada grotesca, con danzas descompuestas y movimientos ridículos, con disfraces de animales, y músicas estrepitosas (la pandorga), que utiliza a veces otras formas casi teatrales o mímicas, como los matachines (ridículas riñas de dos personajes que hacen como si se encuentran, riñen con palos, saltan sobre una vejiga hinchada, etc.). A veces hallamos la calificación de mojiganga para un entremés como Las visiones de la muerte, de Calderón, pero en realidad se trata en esa pieza de una compañía de actores que acaban de representar una mojiganga y que después de la representación sufren una serie de aventuras que constituyen propiamente el entremés dicho, el cual acaba a su vez con bulla de mojiganga.

La folla —término con connotaciones de barahúnda y desorden— es otra modalidad, relacionada también —como las mojigangas— con el ámbito carnavalesco. Es un espectáculo disparatado compuesto de elementos varios de piezas breves a modo de centón o mezcolanza heterogénea. Covarrubias, en su Tesoro de la lengua castellana o española dice: “Los comediantes, cuando representan muchos entremeses juntos sin comedia ni representación grave, la llaman folla, y con razón, porque todo es locura, chacota y risa”. Emilio Cotarelo, en su Colección de entremeses, las define como mezcla de fragmentos de otros géneros (entremeses, loas, bailes, jácaras, mojigangas), como pretexto para cantar y bailar.

En el entremés cantado Manos y cuajares, de Quiñones, se advierte la fórmula de la folla, según define la pieza su propio texto:

Y aquí acaban tres enjertos

que os hemos dado a comer,

una jácara en un baile,

y un baile en un entremés.

4. LOS AUTORES Y LAS OBRAS

 

El teatro popular de Lope de Rueda (¿-1565)

Es conocido el recuerdo de Cervantes, quien en el prólogo a sus Ocho comedias y ocho entremeses (1615) evoca la habilidad de Lope de Rueda, que en aquellos primeros teatros rudimentarios de escenografía y medios hacía entremeses “ya de negra, ya de rufián, ya de bobo, y ya de vizcaíno, que todas estas figuras y otras muchas hacía el tal Lope con la mayor excelencia y propiedad que pudiera imaginarse” (Cervantes). Otros escritores (Agustín de Rojas, Juan Rufo) testimonian el talento histriónico del batihoja sevillano.

Semejante condición de actor que escribe sus propias obras con la idea de la representación comercial, determina sin duda, aspectos esenciales de su dramaturgia. Es autor de cuatro comedias, algunos coloquios pastoriles y veinticuatro pasos, o intermedios cómicos, base principal de su fama y relevancia posterior. Las comedias responden a los modelos italianos, que imita y a veces casi traduce. Los engañados, Medora, Armelina, Eufemia tienen argumentos amorosos, de enredo, tomados de textos de Giancarli, Raineri, Boccaccio, etc. En el desarrollo de estas acciones se insertan los pasos cómicos: pasos de Polo y Vallejo y Grimaldo, y Polo y Olalla, negra en Eufemia; paso de Guadalupe y Mencieta en Armelina; y otros cuantos más en las restantes comedias y en coloquios como el de Camila y Timbria. En el compendio de El deleitoso, publicado por Timoneda en Valencia en 1567 hay otros siete pasos de Rueda: La carátula, Cornudo y contento, Las aceitunas, La tierra de Jauja... En 1570 Timoneda publica el Registro de representantes, con seis pasos de Rueda, entre los cuales está el de los lacayos ladrones que se publica en esta antología.

Estos textos en prosa, protagonizados por tipos cómicos de negra, rufián, bobo, criados listos y tontos, rústicos y otros personajes populares, muestran una elaboración popular del lenguaje y gestualidad expresiva, en un marco de “realismo costumbrista”, que no hay que tomar al pie de la letra, pues las piezas de Rueda son artefactos radicalmente literarios, con hábil explotación de la caricatura, la deformación cómica, o una complejidad lingüística notable, a partir de la “naturalidad” decorosa (en el propio sentido teatral del término) que caracteriza el habla de cada personaje. Con razón escribe González Ollé en su edición de los Pasos:

La lengua de Rueda no puede calificarse de espléndida, brillante, correcta, ni constituye un modelo del buen decir clásico, como se lee en no pocas monografías. Su mérito reside en la adaptación a las necesidades comunicativas y expresivas de los personajes, en su mayoría, como se sabe, de baja condición social y cultural.

Es, pues, un instrumento teatral, y muy literaturizado, que responde a la construcción del personaje y de la escena: algunos de sus recursos son los imperativos, interjecciones, comparaciones basadas en realidades cotidianas y otras en motivos cultos y de la literatura clásica grecolatina, confusiones en el habla del simple, lenguas y jergas diferenciales, uso de frases hechas y proverbios, etc.

Buen ejemplo de este lenguaje expresivo es el arranque de Los lacayos ladrones (que titulo yo El lacayo ladrón), con los improperios de Madrigalejo, que evocan las amenazas disparatadas de los bravucones y fanfarrones continuadores del tipo del miles gloriosus o soldado fanfarrón de la comedia antigua:

¡Renegó del gran Taborlán y de todos sus consortes y bien allegados, y de toda la canalla que rige y gobierna la infernalísima barca del viejo carcomido Carón, que si entre las manos le tomo ad aquel que semejante palabra y afrenta de la boca se le soltó, si a puros papirotazos no le convierto el pellejo en pergamino virgen!

El entremés consiste en dos movimientos principales: en la conversación de Madrigalejo y Molina se pone de relieve la condición ladronesca de Madrigalejo y se denuncian algunas de sus aventuras y desventuras, ante el cinismo del afectado, que presume del ánimo que llevaba en el asno cuando el verdugo lo iba azotando, y dice otras ingeniosidades grotescas. En la segunda sección del entremés llega un alguacil a detener al ladrón y este hace una burla a Molina, que ha actuado como un simple abonando a Madrigalejo y guardándole un paquete sabiendo que es un ladrón. Madrigalejo acusa a Molina de cómplice y los dos van detenidos, sin que le valgan las quejas al bobo de Molina.

 

Miguel de Cervantes (1547-1616)

Como se sabe, Cervantes no consiguió el éxito teatral que hubiese deseado, y tuvo que rendirse ante la victoria de la fórmula de Lope. Pero si en la comedia no logró imponerse, sus entremeses quedaron como una de las cimas del género, por su elaboración literaria, complejidad de los personajes, repertorio de tipos, y aplicación genial de los mecanismos tomados de la novela, que permiten un enriquecimiento notable del mundo entremesil.

La crítica ha observado varios grupos temáticos en el teatro breve cervantino (tema amoroso matrimonial, tema social, tema de infidelidad conyugal), y también los ha distinguido, según criterios estructurales, en entremeses de figuras en función del diálogo, y de figuras en función de la acción —acción que consiste a menudo en una burla, y que explora habitualmente el filón del folclore y la facecia tradicional.

Ocho son los entremeses de Cervantes, dos de ellos en verso, publicados junto con ocho comedias en Ocho comedias y ocho entremeses nuevos nunca representados (Madrid, 1615). El juez de los divorcios es un entremés de revista en el que diversos matrimonios que quieren divorciarse acuden a un juez para que dictamine su libertad. El viejo celoso, al que se han encontrado precedentes en relatos orientales, italianos, y otros, numerosas fuentes de inspiración, arranca sin duda, de la novela ejemplar El celoso extremeño, puesta ahora en clave de humor y sátira. Al mundo del hampa pertenece el tema de El rufián viudo, uno de los entremeses en verso, estupenda parodia en lenguaje de elevación ridícula, que retrata magistralmente las figuras de los rufianes y las daifas, sobre todo en la escena del planto del rufián Trampagos, que llora la muerte de la Pericona, que tantos buenos beneficios le daba. Uno de los más famosos es El retablo de las maravillas, que pone en escena una burla de raíces folclóricas, adaptada a las circunstancias de la sociedad española coetánea de Cervantes. Otras piezas son La elección de los alcaldes de Daganzo, con las tópicas riñas de alcaldes y la actuación de Juan Rana; La guarda cuidadosa, que enfrenta a otras dos figuras nucleares del entremés, el soldado y el sacristán, por el amor de la criada Cristina; El vizcaíno fingido, con otra figura tradicional en el género, que escenifica un timo de picaros hecho a un provinciano rico.

La cueva de Salamanca, que se incluye en esta selección, es otra burla de un estudiante a un marido engañado y al sacristán pretendiente de Leonarda. En la clasificación de Asensio sería este un entremés de acción que explota el tema cómico del escolar nigromante y conjurador, conocido en varias tradiciones literarias. Destaca el mismo Asensio la elaboración teatral que ofrece la pieza cervantina, desde la adúltera Leonarda, personaje animado y lleno de recursos de fingimiento, con grandes posibilidades para una buena actriz, hasta el estudiante embaucador que a modo de director de escena obliga a todos los demás a actuar en su farsa, pasando por los tipos del sacristán y el barbero, característicamente entremesiles —de los que no desaprovecha el atisbo de conflicto—, o el marido bobo Pancracio. Las dobles parejas (Leonarda y su sacris