Prólogo
Gloria Fuertes… conocemos a la poeta. ¿La conocemos? Cuando mencionas su nombre todos recuerdan a Gloria de cuando la tele era en blanco y negro y sólo teníamos dos canales. Poeta. Con cuentos y poesías para niños. Entraba en nuestras casas con su forma tan peculiar de recitar, con sus rimas y chistes, con su voz inconfundible que, a veces, hasta daba miedo, con su forma de vestir, a su moda.
No os traigo aquí a la Gloria de mi infancia. Lo confieso, nunca leí siendo niña a la poeta de los niños. Leí a quien escribía contándome lo que me sucedía. Si tenía problemas de amores, ahí estaba ella. Si me enamoraba de nuevo, ahí volvía a estar. Si me cabreaba con lo que veía, si me encontraba sola, si reía, si lloraba, si sufría o si era feliz.
Ahí, siempre, estaba ella.
Comencé con Historia de Gloria. Mi ejemplar de entonces, segunda edición, está desvencijado, marcado, remarcado, doblado y desdoblado, subrayado, casi se me deshace en las manos cuando lo abro. Porque es la historia de Gloria, pero también es la mía. Uno puede leer a Gloria a diario, durante años, y no terminar de leerla nunca.
La obra de Gloria está llena de voy y vengo, del pasado al futuro, del presente. De añoranzas, nostalgias, dolores, penas y soledades. De la vida y la muerte. De las guerras, de las pasadas y vividas, de las guerras de hoy y de las de mañana. Y del humor. De la sonrisa fácil. De denuncias y quejas. De ser poeta (de guardia), sin permisos ni vacaciones, a jornada completa, a vida completa. De comunicar, de compartir, de su necesidad de ser leída. Y siempre, siempre, del AMOR.
En esta selección hablan sus primeras ediciones, tal como lo publicó cuando lo publicó. En dos casos me he permitido añadir unos versos que ella misma anotó a lápiz; y un poema inédito, «Lejos de mi pueblo», escrito en Pensilvania, durante su estancia como profesora en la Universidad de Bucknell.
Mi deseo es que a través de estas páginas os sorprenda, porque este libro habla de Gloria y de vosotros, de cada uno de vosotros.
PALOMA PORPETTA
¡Qué número!
Por las noches,
cuando —más o menos— cómodamente dormís,
me pongo a hablar sola,
—mejor dicho—
a escribir sola, hablando por los pasillos.
Son retahílas de frases nunca dichas
enjoyadas con tacos biensonantes
(indignada por las noticias diurnas).
Me pongo a hablar sola por los codos,
por los que no hablan,
musito versos jamás escritos
y que jamás escribiré.
Resucito salmos para sordos,
hago cabriolas para ciegos.
Es, como si rezara por los que no rezan
—incluyéndome—.
Es, como si amara por los que no aman.
Es, como si dejara de dormir
por los que no pueden soñar.
Amigos,
lectores,
amores.
¡Venid esta noche lluviosa
a ver el Pórtico de la Gloria!
Todos contra la contaminación
Que los hombres no manchen los ríos.
Que los hombres no manchen el mar.
Que los niños no maltraten los árboles.
Que los hombres no ensucien la ciudad.
(No quererse es lo que más contamina,
sobre el barco o bajo la mina.)
Que los tigres no tengan garras,
que los países no tengan guerras.
Que los niños no maten pájaros,
que los gatos no maten ratones,
y, sobre todo, que los hombres
no maten hombres.
Geografía humana
Mirad mi continente conteniendo
brazos, piernas y tronco inmensurado,
pequeños son mis pies, chicas mis manos,
hondos mis ojos, bastante bien mis senos.
Tengo un lago debajo de la frente,
a veces se desborda y por las cuencas,
donde se bañan las niñas de mis ojos,
cuando el llanto me llega hasta las piernas
y mis volcanes tiemblan en la danza.
Por el norte limito con la duda
por el este limito con el otro
por el oeste Corazón Abierto
y por el sur con tierra castellana.
Dentro del continente hay contenido,
los estados unidos de mi cuerpo,
el estado de pena por la noche,
el estado de risa por el alma
—estado de soltera todo el día—.
Al mediodía tengo terremotos
si el viento de una carta no me llega,
el fuego se enfurece y va y me arrasa
las cosechas de trigo de mi pecho.
El bosque de mis pelos mal peinados
se eriza cuando el río de la sangre
recorre el continente,
y por no haber pecado me perdona.
El mar que me rodea es muy variable,
se llama Mar Mayor o Mar de Gente
a veces me sacude los costados,
a veces me acaricia suavemente;
depende de las brisas o del tiempo,
del ciclo o del ciclón, tal vez depende,
el caso es que mi caso es ser la isla
llamada a sumergirse o sumergerse
en las aguas del océano humano
conocido por vulgo vulgarmente.
Acabo mi lección de geografía.
Mirad mi contenido continente.
Avería en el mar
El mar se acaba en el mar,
en su tejado de olas,
que tienen forma de tejas
y forma de caracolas.
En los tejados del mar,
adivinanza adivina,
las brujas son los delfines
y los gatos las sardinas.
En los tejados del mar,
cuando se rompe una teja,
se sale el mar como loco
y se asustan las sirenas;
a esto lo llamo avería,
otros lo llaman galerna.
Y Dios es el albañil
que baja a arreglar las tejas.
Lo confieso
Es triste, y porque es triste, lo confieso;
aquí estoy yo y vengo voceando,
buceando, mejor, en la niebla;
ahorcándome la voz entre los álamos.
Ganándome el sudor con este pan,
ganándome la vida con las manos,
ganándome el dolor con el placer,
ganándome la envidia con el salmo.
Ganándome la muerte con la vida,
voy consiguiendo todo sin el llanto,
que soy la mujer fuerte que se viste
y medita mirando al calendario.
Es triste, y porque es triste, lo confieso,
cuesta mucho vencerse, sin embargo,
intenta dar un beso al enemigo,
verás que sale luz de tu costado.
La gata y la rata
La gata encontró,
debajo del sofá
una ratonera.
La gata dijo,
de esta manera:
—¡Qué insulto!
¡Quién lo creyera!
Han comprado ratonera,
como si yo no valiera…
Se comió el queso la gata
metió la pata la rata,
la gata le curó el rabo —compasiva—,
y se hicieron muy amigas.
Al poco rato la rata,
convenció a la dulce gata
para irse las dos al campo
y no dar la lata en casa.
Éramos de cáñamo dos cuerdas,
al mirarnos hicimos una trenza.
Ya no somos dos cuerdas,
ahora somos una loca.
Hay un dolor colgando
Hay un dolor colgando del techo de mi alcoba.
Hay un guante sin mano y un revólver dispuesto,
hay una exactitud en la aguja del pino
y en el icono viejo llora la Virgen Madre.
Todo esto sucede porque estamos cansados.
La vida no nos gusta y seguimos inertes
a lo mejor venimos para ser algo raro,
y a lo peor nos vamos sin haber hecho nada.
Vienen los gatos flacos con lujurias en boca
cantando eso que cantan a los pies de la urna,
y salen los espíritus debajo de la cama
cuando crecen los naipes en las manos del fauno.
Es inútil
Inútil que a estas fechas
nos empiece a dar pena de la rosa y el pájaro,
inútil que encendamos velas por los pasillos,
inútil que nos prohíban nada,
no hablar por ejemplo,
comer carne,
beber libros,
bajarnos sin pagar en el tranvía,
querer a varios seres,
fumar yerbas
decir verdades,
amar al enemigo
inútil es que nos prohíban nada.
En los diarios vienen circulares,
papeles hay pegados en la esquina
que prohíben comer pájaros fritos;
¡y no prohíben comer hombres asados,
con dientes de metralla comer hombres desnudos!
¿Por qué prohíben pájaros los mismos que consienten
ejecutar el séptimo y el quinto mandamiento?
Tampoco han prohibido los niños en la guerra
y se los sigue el hombre comiendo en salsa blanca.
La «Protectora de Animales» está haciendo el ridículo.
Tampoco han prohibido comer las inocentes pescadillas,
los tiernos y purísimos corderos,
las melancólicas lubinas,
las perdices,
y qué me dices
de Mariquita Pérez
que la compran abrigos de trescientas pesetas
habiendo tanta niña sin muñeca ni ropa,
los enfermos trabajan,
los ancianos ejercen,
el opio en tal café puede comprarse
la juventud se vende,
todo esto está oficialmente permitido,
comprended y pensad nada se arregla con tener buenos sentimientos,
hay que tener arranque y ganas de gritar:
—¡Mientras haya guerras comeré pájaros fritos!
Fantasma
No existe,
pero cuando existía,
llevaba la sábana de la abuela
y la vela de la tía.
Sólo salía de noche,
nunca salía de día,
y arrastraba una cadena
para avisar que aparecía.
Afortunadamente
Afortunadamente
no tenemos presente,
no tenemos presente
lo
de
que
nos tenemos que morir.
Nana de la tía tonta
—Duérmete, sobrina, duérmete,
si no te duermes
viene el gato montés.
El gato montés
es un tigre pequeño,
que vigila a los niños
que no tienen sueño.
El gato montés
baja del monte
una vez al mes.
El gato montés
lanza sus rugidos,
y asusta a los niños
que no están dormidos.
La sobrina era lista no se asustó y dijo:
—Que no me asusto, tía, cierra el pico.
Vino el gato montés
y le acarició el hocico
(la niña le acarició el hocico).
Y el gato montés
se quedó dormido en la cama
a los pies.
La tía tonta quedó enterada,
NO HAY QUE ASUSTAR A LOS NIÑOS
para nada.
Soy afiliada
Afiliada soy de todo lo afiliable
lo feo lo bello lo dulce lo amargo,
lo común lo horrible lo cursi lo raro,
lo esto lo otro lo tinto lo blanco;
un cardo, un jazmín, una teja, un santo
(si quedan),
un reo, un maldito, un duque, un esclavo;
todo es útil, vale, todo se aprovecha
—de un cuerno te sale una buena percha—.
Cultura
Perlas de Venezuela.
Cangrejos de Río.
Carbón de León.
Guernica de Picasso.
Catedral de Burgos.
Naranjas de Valencia.
Turrón de Alicante.
Boquerones de Málaga.
Pimentón de la Vera.
Judiitas del Barco.
Gaitas de Pontevedra.
Libros de Cervantes.
Perlas de Venezuela
(esto lo he dicho antes).
Cuadros de Velázquez.
Música de Falla.
Vino de Coria.
Agua de noria.
Diablitos del Infierno.
¡Versos de Gloria!
Sueño 13
Pasé al beaterio.
El beaterio es un cuartucho oscuro
infestado de beatas,
frío, oscuro.
Al entrar tropecé y dije ¡coño!
Una ráfaga de avemarías me ensordeció.
—¡Pecado, pecado, esa mujer trae el coño en la boca!
¡Hago versos, señores!
Hago versos señores, hago versos,
pero no me gusta que me llamen poetisa,
me gusta el vino como a los albañiles
y tengo una asistenta que habla sola.
Este mundo resulta divertido,
pasan cosas señores que no expongo,
se dan casos, aunque nunca se dan casas
a los pobres que no pueden dar traspaso.
Sigue habiendo solteras con su perro,
sigue habiendo casados con querida
a los déspotas duros nadie les dice nada,
y leemos que hay muertos y pasamos la hoja,
y nos pisan el cuello y nadie se levanta,
y nos odia la gente y decimos: ¡la vida!
Esto pasa señores y yo debo decirlo.
Versos con aja y eja
El duende, en la oreja.
La mosca, en la oreja.
El preso, en la reja.
La madre, coneja.
La rica lenteja.
La feliz pareja.
El tiesto, en la reja.
El grillo, en la reja.
El preso, en la reja.
La rica lenteja.
La feliz pareja.
El trigo, en la paja.
El oro, en la alhaja.
El dinero, en la caja.
El zapato, en la caja.
¡Drácula, en la caja!
La lana, en la oveja.
La miel, en la abeja.
¡El verso, en bandeja!
Estoy en un convento
Estoy en un convento
sin paredes ni tocas…
Aquí hay bocas,
sólo puedo besarlas cuando miro;
manos, que sólo puedo apresar en despedida.
Estamos bien
La mañana, se pierde en la maraña.
Por la tarde, los niños de la calle.
Por la noche, la radio del vecino.
La oficina me pone casi muerta.
El silencio, se esconde en la repisa.
Yo no puedo, leer una novela,
y la gata que pare en el pasillo
y mi hermano que no tiene trabajo
y la niña que llora por la esquina,
mi cuñada me pide una cebolla;
en la puerta, que llama el del recibo.
No hay quien pueda vivir cómodamente.
El tranvía no llega casi nunca
y no llega tampoco con el sueldo;
la merienda borrose de la casa;
el periódico nos dice la noticia:
se avecina la garra de la guerra,
y yo digo: ¡Pues sí, lo que faltaba!
Canción del gusano sano
Soy un gusano
muy sano,
por eso estoy
tan ufano,
soy amigo de fulano,
de zutano,
de mengano,
y de todo bicho humano,
—pacífico ciudadano—.
Soy gusano pacifista
el más listo de la lista.
Soy gusanito de seda,
siempre hay paz en mi morera.
Ahora voy de hoja en hoja,
luego seré mariposa,
—luego iré de rosa en rosa—.
¡Seré mariposa blanca,
porque al revolotear,
quiero ser y parecer,
banderita de la Paz!