Cómo sobrevivir al cole 1 - Mi mejor amiga invisible

Sara Shepard

Fragmento

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QUERIDO COSMO

La señora Hines, la profesora de emociones, me ha sugerido que empiece con «Querido diario», pero eso es de niñas. Bueno, yo soy una niña, pero me refiero a algunas niñas de mi clase en concreto: esas que bailan como si fueran famosas en TikTok.

¡Y no miro a nadie, Riley Miller!

Riley Miller está en mi clase desde que tarareábamos Cucú cantaba la rana en la clase de música para bebés, pero ella jamás lo admitiría.

El año pasado, Riley creó el Club de la Plasti. ¿Sabes esa plastilina antiestrés que los profes dejan llevar al cole? Viene en un bote pequeño con un nombre raro como «Guerrero Creativo» o «Poder de Reflexión». Bueno, pues Riley hizo que todos pusiéramos nuestros botes en una fila en el recreo y les puso nota según lo bien o mal que olía la plasti.

Pero no nos dejó entrar en su club a todos: solo a sus amigos.

Así que mi mejor amiga, Violet Vance, y yo creamos un grupo rival: ¡el Club del Barro! Jugábamos con barro que había que buscar por todo el cole. ¿Te puedes creer que el del campo de béisbol es superdiferente al de debajo del tobogán? Aunque en nuestro club podía entrar cualquiera, nunca tuvo mucho éxito. Y yo empecé a pensar en toda la suciedad que me quedaba debajo de las uñas. Igual por eso voy adonde la señora Hines, la profesora de emociones.

La verdad es que me gusta la idea de contarle todo esto a alguien. He pensado escribir este diario como si fuera para mi madre, pero me preocupa que lo encuentre y crea que tiene que leérselo.

También me he planteado dedicárselo a Violet. En clase nos pasamos notitas con dibujos. Es lo que nos mola. O puedo escribirle a mi hermano pequeño, Zumo Exprimido, pero aún no sabe leer y, aunque supiera, lo único que le gustaría son historias sobre coches todoterreno.

Espera, ¡tengo una idea! Puedo escribirle a Cosmo, mi perro. No sabe hablar y supongo que no sabe leer y, a veces, no me deja dormir cuando se come el mando de la tele.

Pero Cosmo es fiel y bueno, y nunca me hará sentir mal por nada de lo que escriba aquí. Además, tiene miedo a algunas de las mismas cosas que yo: las tormentas, los fuegos artificiales, los globos, los payasos… Cosmo me entiende.

¡Pues ya está! Le voy a escribir este diario a Cosmo.

Me alegro de haber tomado esta decisión.

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CÓMO DIBUJAR

A TU MEJOR AMIGA

Querido Cosmo:

¡Estoy escribiéndole a mi perro! ¡Alucina! ¿Qué te parece que te dedique mi diario? ¿Es mejor que cuando te rasco detrás de las orejas? Supongo que no, pero ayer parecías bastante interesado cuando te leí lo que acababa de escribir.

En fin, Cosmo, hoy ha sido el primer día de clase. Este año estoy en quinto, casi acabando primaria.

En este curso, te pueden tocar tres tutores. Si los pones juntos, son como los tres osos de Ricitos de Oro. La señora Dunphy es demasiado estricta. La señora Letts siempre está demasiado enfadada. Y el señor Glenn es perfecto, porque su aula está repleta de animales hinchables, un Frankenstein de tamaño gigante, luces de Navidad encendidas a todas horas y una bola de discoteca que gira sin parar. A las tres de la tarde, los alumnos del señor Glenn salen de clase con cara de haberse pasado el día entero en una sala de recreativos. Todo el mundo lo adora.

Cubierta A nuestros padres les notificaron hace dos días quién sería el tutor de cada clase. Yo quería al señor Glenn, pero me tocó la señora Dunphy, la estricta. Le pedí a mamá que llamara a la madre de Violet porque ninguna de las dos tenemos móvil. Era el último día de campamento de mi amiga, pero la señora Vance dijo que a su hija también le había tocado la señora Dunphy de tutora. Me sentí mucho mejor.

He echado mucho de menos a Violet. Ha estado de campamento todo el verano. Era uno de gimnasia que estaba lejos de aquí y, durante los fines de semana, se iba a casa de unos primos suyos que viven por esa zona. Normalmente, pasamos las vacaciones de verano haciendo un mural flipante con un montón de cartones para reciclar o grabando vídeos para un telediario, con alertas meteorológicas, noticias del barrio, anuncios y todo. Este año he intentado hacer las dos cosas yo sola, pero lo único que he logrado terminar es medio cuadro de una ballena blanca en un trozo de cartón mediano. Eso sí, le envié a Violet mis vídeos del telediario por correo electrónico y las pocas veces que hablamos por teléfono me dijo que eran geniales. La verdad es que me quedé muy contenta con mi reportaje especial sobre los puestos de limonada del barrio.

Pero ni siquiera había podido ver a Violet antes de que empezara el curso porque su familia la recogió en el campamento ayer y tenía que ir a comprar unos zapatos nuevos y todo el material escolar. Así que me ha hecho mucha ilusión verla en la acera delante del cole. Aunque la cosa no ha ido muy bien.

Tenía un millón de cosas importantes que contarle a Violet. Le he preguntado por el campamento y parecía muy emocionada.

¿Riley? ¿Riley Miller? Pobre Violet. ¿Cómo es que no me lo había mencionado antes? Tuvo que pasarlo fatal.

Violet y yo hemos sido mejores amigas desde el primer día de segundo, cuando elegimos la misma calabaza para decorar. A las dos nos gustaba tantísimo que decidimos pintarla juntas.

Y, desde entonces, la pintura ha sido nuestro rollo. Todos los años nos apuntamos al Club de Arte, una extraescolar después de clase, y hacemos un proyecto conjunto para la exposición del colegio. También tenemos una tradición: dibujamos un retrato de la otra y nos los intercambiamos el primer día de clase. Ya, es una tontería porque solemos pasarnos todo el verano juntas, pero es un regalito que nos alegra el comienzo del curso. Tengo claro que el dibujo que me hizo Violet el año pasado me ayudó a superar un momento muy estresante: cuando asignaron los pupitres para todo el curso. No sé qué habría hecho sin mi retrato.

Durante este verano, me he esforzado mucho con el dibujo para Violet. En lugar de hacer un retrato realista, se me ocurrió representar a Violet como mejor amiga. De hecho, empecé a pensar que podría ser el modelo para un tutorial de YouTube titulado «Cómo dibujar a tu mejor amiga». Sería así:

1. Primero, píntale unos ojos grandes y alegres que se achinen cuando haces una broma.

2. Luego, dibújale las orejas; no olvides ponerle los pendientes que hicisteis el año pasado con arcilla. (¡Nosotras casi incendiamos la casa porque nos liamos con los botones del horno!).

3. Después, el pelo rizado. Que sea de su color normal, no del que intentasteis teñíroslo con aquellos polvos para hacer refresco. (A nosotras se suponía que iba a quedarnos rosa clarito, pero salió del color de un cono de tráfico).

4. Piensa también en las cosas que no se ven: por ejemplo, qué se le da bien, qué tiene en esa cabecita o qué esconde en el corazón.

5. ¡Acuérdate de añadir chistes privados!

Doblé el dibujo como si fuera una tarjeta. En la parte de fuera, escribí esas instrucciones. Dentro, iba el retrato del tutorial:

Me moría de ganas de que lo viera Violet, así que se lo he dado en la acera antes de entrar a clase.

Ella se ha quedado un buen rato mirándolo.

Y no ha dicho nada más. He empezado a sentir algo raro. ¿Me habría equivocado en algo? ¿Se le habría olvidado nuestra tradición? Pero, al fin, ha dicho:

La verdad es que mi retrato se parecía sospechosamente a un dibujo que Violet había hecho en cuarto, ¡antes de las vacaciones! Como si lo tuviera desde entonces en la mochila.

Pero no pasa nada. Es probable que en el campamento Violet no tuviera tiempo para hacer otro. Y, aunque hayamos estado separadas todo el verano, no tardaremos en recuperar el buen rollo que teníamos.

En serio: este año va a ser la bomba.

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ZUMO EXPRIMIDO

Querido Cosmo:

Debería hablarte de Zumo Exprimido, aunque probablemente ya lo conozcas. Espera… ¿Sabes que así es como lo llamamos? Igual solo lo conoces por su olor. Una vez leí que, cuando un perro huele el pis de otro, puede detectar mensajes secretos, cosas que solo entienden ellos. Fijo que solo son cosas en plan «Hola», «He robado un trozo de pizza» o «Me gusta olisquear culos», pero ¿y si los mensajes son mucho más importantes? Seguro que, en el fondo, los perros sois muy listos.

En fin, que Zumo Exprimido es mi hermano pequeño. Tiene cuatro años.

En realidad, se llama Noah, pero ya no lo llamamos así.

Pues resulta que a Zumo Exprimido le dan ataques de crup. Es una laringitis aguda, lo que rima con menuda, ceñuda y… ¡tetuda! (¡Igual que tu maestra, Zu­­mo Exprimido!).

Cuando mi hermano tiene un ataque, de repente no puede respirar. Suele ocurrir en mitad de la noche, y mamá y papá no pueden hacer mucho más que llevarlo a urgencias. La mayoría de las veces, los dos quieren ir con él al hospital, así que no me queda más remedio que acompañarlos.

Al principio, estar despierta a las tres de la madrugada me parecía un planazo, pero ir a urgencias no tardó en volverse aburridísimo.

Zumo Exprimido lo pasaba fatal.

No poder respirar bien parecía aterrador, pero los médicos y enfermeros nunca parecían demasiado preocupados.

A veces, incluso tardaban en acudir a la sala de exploración.

Yo no entendía por qué no hacían todo lo posible por ayudarlo.

Mientras esperábamos a los médicos, lo único que calmaba a mi hermano era que le llevaran algún zumo. Así se olvidaba de que le costaba respirar. Era como magia. Zumo Exprimido tenía crup tan a menudo que llegó un momento en el que, en cuanto pisaba urgencias, los enfermeros se ponían en plan:

Los médicos también empezaron a usar ese apodo. Y, al final, todo el personal del hospital acabó llamándolo así. A Zumo Exprimido le encantaba tener un nombre especial. Por eso, a principios de verano, cuando fue a hacer la matrícula para preescolar, tomó una decisión importante.

En fin, que por la mañana hemos tenido que llevar a Zumo Exprimido a la guardería. Eso no siempre va muy bien y hoy ha ido especialmente mal. Era mi segundo día de clase, y yo quería llegar pronto para hablar con Violet antes de entrar. Ayer, los alumnos estuvimos tan ocupados con los líos del primer día que apenas habíamos hablado. Y, después del cole, Violet me había dicho que no podía venir a mi casa.

Pero hoy Zumo Exprimido iba a paso de burra, no de coche todoterreno.

Es que a Zumo Exprimido le encantan los Monster Truck, ¿sabes? Y una de las cosas que más le gustan es jugar a que es un conductor famoso de esos coches con ruedas gigantes. El suyo se llama El Zumo.

En fin, que, cuanto más hacía como que conducía El Zumo, más tarde llegaba a la guarde. Y, como mamá me iba a dejar a mí después, más tarde llegaba yo a clase.

Cuando hemos llegado a la guardería, Zumo Exprimido se ha puesto a llorar porque los conductores de los Monster Truck no van al colegio. Mamá lo ha sacado del coche a rastras y él se ha tirado al suelo hecho un trapo.

Yo ya llegaba tardísimo. Claramente ya no podría charlar con Violet antes de entrar. De hecho, era probable que las clases estuvieran empezando en ese mismísimo instante.

Me he imaginado a mis compis entrando y guardando las cosas en su taquilla. ¿Qué me estaba perdiendo? ¿Y si hacían un examen la primera semana de clase? ¿Y si la señora Dunphy estaba tomando una decisión importante para el resto del curso, como dónde nos sentaríamos o con quién nos tocaría hacer los proyectos para siempre jamás? Yo quería que me emparejaran con Violet y, si llegaba tarde, tendría que aguantarme con quien quedara. No sería nadie amable, como María Mendes o Charlie Grove, sino alguien que intentaría escaquearse de hacer el trabajo. O Liam Klauss, que da patadas en los pupitres de los demás. O Sarah Philips, que es una creída y lo haría todo sola, y luego la profe se enteraría y me suspendería.

O Rocco Roman. ¡Oh, no! ¿Y si me tocaba con Rocco Roman?

Para cuando Zumo Exprimido se ha calmado y mamá ha vuelto al coche, yo ya estaba temblando. Me ha mirado un instante y enseguida ha puesto su cara de «¡Oh, no!». Me ha dicho que todo iría bien, pero yo no me sentía así.

No recuerdo el trayecto al cole. Pero sí que ha empezado a llover y que mamá ha cogido el paraguas de rayas para acompañarme a la entrada, mientras me decía que quizá, en lugar de ir directa a clase, debía tomarme un respiro.

Me acuerdo de que mis deportivas mojadas hacían plof plof mientras recorría el pasillo encerado. También de que Violet me ha visto por la ventana de clase y luego ha apartado la mirada.

Y, por último, recuerdo que me he desplomado en la butaca del despacho de la señora Hines.