El cuerpo humano (Supergenios. ¿Qué quieres saber? 1)

H.M. Zubieta

Fragmento

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Primera edición: junio de 2023

© 2023, H. M. Zubieta

© 2023, Penguin Random House Grupo Editorial, S. A. U.

Travessera de Gràcia, 47-49. 08021 Barcelona

© 2023, Juanje Infante, por las ilustraciones

Diseño del logo: Celeste Rodríguez de Bobes

Diseño de portada: Penguin Random House Grupo Editorial / Silvia Blanco

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ISBN: 978-84-19366-75-7

Compuesto en Punktokomo, S. L.

Composición digital: Aura Digit

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ilustraciones de juanje infante

H. M. Zubieta

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EL COLEGIO

En el comedor del cole había mucha tensión. Las opciones eran, de primero, lentejas o macarrones. Y, de segundo, pollo asado… ¡o pizza! Era la comida favorita de Bruna.

—¡Nooo! —dijo mientras esperaba en la cola—. ¡Quedan muy pocos trozos de pizza! ¡Se va a acabar!

Efectivamente. Cuando llegó el turno de su clase, ya no quedaba pizza. Se fue a sentar con sus amigos, cabizbaja y decepcionada. ¡Con la ilusión que tenía!

—¡Eh! ¡Bruna! —dijo Alejo—. ¡Mira lo que tengo para ti!

¡Alejo le había guardado un trozo de pizza!

¡Gracias! —dijo, emocionada.

—¡De nada! Como yo soy vegetariano… Repetiré de lentejas, ji, ji.

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—¿Lentejas? ¡Puaj! —dijo Mar, sacando la lengua, y pinchó un macarrón con el tenedor—. ¡Qué asco!

—Si quieres, las tomas, y, si no, las dejas —comentó Teo.

—¡Yo las dejo! —dijo Mar—. Pero mi mamá se enfada. Dice que así no creceré. ¡Es una pesada!

Teo mordisqueó una alita de pollo.

—Bueno, a ver —dijo—. Hay que comer para hacerse mayores, es verdad.

—Como otras cosas…, ¡pero lentejas no! —Mar se enfurruñó—. Además, a la nena le dan puré de lentejas y no crece tanto, sigue siendo un bebé.

¿La nena? —preguntó Bruna, confusa—. ¿Quién es?

—¡Mi primita! Tiene seis meses. ¡Y la quiero mucho! ¡Pero es un rollo!

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—Hala, ¿y eso por qué? —dijo Alejo.

—Pues porque no sabe hacer nadaNi caminar, ni jugar, nada. ¡Ni siquiera sabe hablar!

Pero los bebés no hablan. ¡Ningún bebé! —dijo Alejo.

—¿Por qué no? —dijo Mar, frunciendo el ceño—. Si la tita le lee cuentos y le habla todo el rato, ¿por qué no ha aprendido aún? Yo sigo pensando que es un rollo de bebé.

—Pues es verdad —intervino Teo—. ¿Por qué los bebés no hablan? A ver, cuando éramos bebés tampoco hablábamos, ¡pero ahora sí!

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Entonces Mar se puso de pie. Habría quedado muy dramático, pero era tan bajita que tuvo que subirse a la silla para quedar por encima del resto.

¡Tengo una idea! ¡Vamos a preguntárselo al superordenador!

La idea era tan emocionante que salieron corriendo hacia la biblioteca. ¡Allí los esperaba el superordenador! Siempre podía resolver todas sus dudas.

Bruna tecleó: «¿Por qué los bebés no saben hablar y nosotros sí?».

La pantalla respondió:

«Esta es una pregunta difícil. Para contestaros, primero debemos viajar a un lugar que conocéis por fuera, pero no por dentro. ¿Preparados?».

¡Socorro!

¡Que no nos va a hacer nada, es el superordenador!

¡Lo sé! Pero ¿adónde nos lleva?

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De repente, todo empezó a crecer a su alrededor: los libros, las estanterías, las mesas y las sillas… ¡No, mentira! ¡Era que ellos se estaban haciendo diminutos!

Estaban rodeados de piedras redondas, planas y de color marrón oscuro, en un barro espeso del mismo color.

Una inmensa cuchara de plástico tomó una buena cucharada de puré, ¡llevándoselos a ellos también! La cuchara se acercó a una boca; la boca se abrió y todo se puso oscuro.

Y el ordenador dijo: «¡Bienvenidos al cuerpo humano!».

¡No son piedras, son lentejas! Estamos... ¡en un puré de lentejas!

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