Pen Friends 3 - Un envío extraordinario

Ana Campoy

Fragmento

cap-2

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¡Plácida vida, Cartamiga 772!

¿Qué tal se juntan tus células?

Las mías, estupendamente. Deseando saber de las tuyas.

No, esto no es una broma. ¡Al menos, eso creo! Yo no conozco a ningún «Roberta». De hecho, la gente de por aquí no suele llamarse así. Puedo confirmarte que soy un cartamigo real.

Vaya, qué carta tan escueta. Qué pocas cosas me cuentas. De momento apenas sé nada de ti. Solo que te llamas Eli. Me gustaría conocer algo más. Cómo eres, a qué te dedicas… qué ves alrededor cada vez que tu rotación comienza… Madre mía, qué de preguntas se me vienen a la cabeza.

Yo me llamo Otto. Y te escribo casi de casualidad. Porque es toda una casualidad haberme encontrado con esto de la agencia Pen Friends. ¡Ni sabía que existía!

Todo ha sido por culpa de la caja. Una que había guardada en una habitación de mi casa con trastos que nadie de mi unidad familiar usa. Nunca en la vida. Son cosas de esas que están ahí «por si acaso». Y yo no hago más que preguntarme: ¿por si acaso qué? ¿Por si acaso nos da un ataque de nostalgia? ¿Por si acaso un día necesitamos usar cosas que nunca usamos? ¿Por si acaso queremos tirarlas más adelante?

imagenLa cuestión es que el otro día tuve que mover la caja de sitio para sacar un juguete de cuando era más pequeño. La cosa no estaba planeada. Aunque, de repente, y sin saber por qué, me entró la curiosidad y abrí la caja. A primera vista no había nada que me interesara. Solo trastos, ya te digo. Pero me llamó la atención un sobre con muchos colores que hablaba de la iniciativa Pen Friends.

Tras leerlo y entender de qué iba todo esto, me pregunté si tanto tiempo después (la caja lleva ahí bastante, te lo aseguro) la agencia seguiría funcionando. Rellené el cuestionario, lo mandé y, al poco tiempo… ¡sorpresa! Resulta que sí que funcionaba. Recibí un sobre con la bienvenida y los sellos especiales. Listos para empezar a comunicarme.

Poco después llegó tu carta. Así que aquí estoy, respondiéndote. Y la verdad es que ahora no se me ocurre qué más contarte.

Si lo pienso, mi vida es bastante normal. Tengo la rutina de los diúnes, la de los didoses, la de los ditreses y también la de los dicuatris… Descansamos el resto de las rotaciones (dicinquis, disextis y aquamingo). Igual que los demás de por aquí. Supongo que eso no es ninguna novedad.

Lo que estoy deseando es que tú me parlamentes. Me parece un misterio absoluto imaginar quién serás y a qué se dedicarán tus células.

Me despido con una salutación y quedo a la espera.

Plácida vida.

Cartamigo 619

cap-3

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¡Hola, Otto!

¡Qué sorpresa recibir tu carta! De verdad que no creí que llegara ninguna respuesta ni que lo hiciera tan rápido.

Así que parece que sí, que esto es real y no es una broma (y, ahora que lo pienso, qué carta más corta te escribí. Habrás pensado que soy una maleducada).

Mira, vamos a hacer una cosa. Empiezo otra vez. Haz como si esa primera carta no hubiera existido, ¿vale? Venga, comencemos de cero:

¡Buenas, Otto!

¿Qué tal estás?

Me llamo Eli y yo también soy nueva en esto de los cartamigos. Rellené el cuestionario porque Roberta me lo aconsejó (Roberta es mi hermana y es mayor que yo).

Al parecer, ella estuvo carteándose hace tiempo con otros cartamigos y me dijo que le había ayudado mucho y que es genial y que por qué no me animaba a hacerlo.

Yo no sabía si Roberta hablaba en serio (por eso el malentendido). Y es que a veces me gasta bromas pesadas. Pesadas para mí. No para ella, claro. Ella lo que hace es partirse de risa.

Todo esto empezó el otro día. Una tarde que yo estaba bastante aburrida y me tumbé en el sofá con los pies pegados en la pared. Era uno de esos días que estás tan hasta el moño que no te apetece hacer nada (por no apetecerte, ni siquiera te apetece pensar qué hacer). Porque te aburres solo de intentarlo. La pared estaba fresquita y yo estaba cabeza abajo. Me gusta ponerme así, pero papá me regañó porque dijo que iba a manchar la pintura de la pared con los pies.

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Y yo ya estaba harta. De verdad que estaba desesperada. Porque es verano, me aburro, hace calor y estar aquí, metida en casa, es un latazo. Mi hermana me dijo que por qué no me escribía con alguien. Me habló de la agencia Pen Friends. Y yo dije que pasando. Que seguro que me estaba engañando. Y ella me dijo que no, que lo que me decía era cierto, que me lo prometía de verdad. Jurado por su camiseta favorita. Entonces yo le dije que como fuera una broma se iba a enterar. Pero también pensé que, bueno, que por probar no pasaba nada. Y que Roberta no pondría en juego su camiseta del campamento ni de broma (sé que esa es su favorita). No lo haría así como así.

En realidad, el que me aburra es un poco por culpa de mi padre, las cosas como son. Y es que yo quiero tener un perro, pero él no quiere. Es un problema que tendría fácil solución, ya ves, pero a él no le da la gana. Dice que lo mismo, una vez que lo tenga, no me ocupo de él. Y yo le prometo que sí. Y él dice que no se lo cree y que bastante trabajo tiene como para encargarse también de mi perro. Y entonces yo protesto. Pero por mucho que proteste no hay más que hacer.

Siempre que es mi cumpleaños y soplo las velas, o cuando me preguntan que qué quiero de regalo, o cuando hay que escribir una redacción sobre lo que más deseo en el mundo, mi respuesta siempre es la misma: «un perro, por favooor». Nadie se da cuenta de lo mucho que me gustan y de lo que los quiero. Porque, sin duda, los mejores amigos son los perros.

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Los gatos no tanto. Arañan y van a su bola. Y te estresan más. Porque con un perro solo tienes que tener el suelo controlado. Con los gatos hay que pensar también en las alturas porque, como saltan por todas partes, te asustan. Y no quiero imaginar a mi padre protestando porque el gato se ha subido a su escritorio y le ha manchado los papeles del trabajo.

Bueno, no sé. En general me gustan bastante los animales (también los gatos). Lo mismo de mayor me dedico a estudiarlos cuando están sanos, no solo cuando se ponen enfermos como hace mi padre. Si lo pienso durante un buen rato creo que sí, que eso es lo que más me gusta de todo. Aunque ya te digo que mi especie favorita es el perro.

Sé que con mi hermana no habría problema y que me ayudaría con él. A ella también le gustan los animales. Y aunque a veces sea demasiado bromista conmigo, las dos nos llevamos bien.

Lo que pasa es que este verano estará muy atareada. Roberta se acaba de ir de campamento con algunos chicos de su asociación y apenas le veremos el pelo. Me vendría muy bien que estuviera por aquí para ayudarme a convencer a mi padre. Pero no puedo contar con ella. Y es una pena. Porque no creo que este año nos vayamos de vacaciones. Como mi padre tiene mucho trabajo (es veterinario de vacas y en verano las vacas también se ponen malas), en casa que nos quedaremos.

Normalmente mi padre se turnaba con Lola, la otra veterinaria, para irse de vacaciones. Pero Lola se mudó a la ciudad el mes pasado, porque dice que el trabajo del campo la ha saturado, y ahora mi padre está solo con todos los establos. Y también el doble de estresado.

A mí mi comarca me gusta. Quiero decir que no me estresa, pero en verano es un poco muermo. Porque aquí ni siquiera se acercan los turistas.

Y ya está. Creo que ese sería mi resumen. Como verás, es poco emocionante.

Por cierto, me hace mucha gracia ver cómo te expresas. Por aquí nadie dice «Plácida vida» ni «Salutaciones» ni cosas así. ¿Y qué es eso del «diúnes» y «didoses», etcétera? No lo había oído en mi vida. ¿Vosotros no decís lunes, martes y miércoles como todo el mundo?

Supongo que las palabras cambian dependiendo de dónde vivas. Pasa igual que con los modos de hablar. Los acentos y eso. Aunque es normal si somos tanta gente en el planeta.

Te mando abrazos.

Cuéntame más.

(Aburrida de verdad)

cap-4

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¡Plácido, Eli!

(Sí, «Plácida vida» es nuestro modo de saludar. Luego tenemos «Plácido», que es más informal, y «Placi», si ya tienes mucha confianza con alguien. ¿Por allí no lo hacéis igual?).

Me alegro de que veas que mis palabras son sinceras. Sin confianza no tiene mucho sentido cartearse con alguien. Si ya de entrada crees que todo lo que te dicen es mentira, pues vaya. Qué pérdida de tiempo.

Sí, llamamos «diúnes» a la primera rotación de la semana. Luego está el «didoses», después el «ditreses» y más tarde el «dicuatris», que es una rotación que me encanta, porque es la última de hacer cosas obligatorias. Las otras tres («dicinquis», «disextis» y «aquamingo») toca fiesta. Sobre todo aquamingo, que es nuestro día extraespecial. Es así para todo el mundo (qué gracia, a mí también me ha sorprendido que vosotros lo llaméis de otra manera). ¿Miér… coles? ¿En serio? No es por nada, pero con ese nombre… Quiero decir, por cómo empieza… da la sensación de que no os gusta mucho.

Yo también tengo bastantes fases de aburrimiento, la verdad. Sobre todo porque últimamente no podemos hacer demasiadas cosas y pasamos mucho tiempo en casa. La culpa la tienen los bichos, que son un latazo.

Empezaron a llegar un día, de repente. Paseaban por el suelo y no nos molestaban demasiado. Eran dos o tres y por eso creo que eran los exploradores, porque llegaron los primeros. Y porque poco después llegaron los demás.

Ahora ya son bastantes bichos y ya se recorren parte de la casa. Lo bueno es que no atacan ni nada de eso. Pero son realmente molestos. Porque cuando quieres alimentarte, siempre aparece un bicho rondando por tu refrigerio. O si quieres beber algo, lo más fácil es que lo encuentres nadando en el agua de tu recipiente. Y espantarlos empieza a ser muy pesado.

Además, su aspecto es feo. No tengo ni idea de qué tipo de especie es. Pero me parece asquerosa.

¡Ahí va! Justo estoy viendo cómo uno de los bichos ha pasado caminando por la carta.

Jo, acabo de pensar que si te gustan tanto los animales…. si quieres te lo envío y así le echas un vistazo…

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Venga, sí. Te lo voy a mandar de viaje. Ahí que te va (lo verás si miras dentro del sobre).

Mandarte uno de los bichos me parece una idea genial, porque: 1) así aquí hay uno menos, 2) de este modo verás que lo que te cuento es verdad y 3) te darás cuenta de lo asquerosos que son. Así podrás entenderme.

En serio, esto es una desesperación. Qué lata. No sé qué podemos hacer para que se vayan.

Por cierto, me ha encantado tu carta. Comprendo perfectamente lo mal que se pasa en una fase de aburrimiento. Y también he jugado muchas veces al juego de techo-suelo. ¿Lo has probado? Entiendo que sí, pero por si acaso: consiste en ponerte al revés e imaginar que el techo es el suelo y que caminas por él. Como si todas las cosas estuvieran dadas la vuelta. Te animo a que lo pruebes, las fases de aburrimiento se llevan muy bien con él.

Si sigo leyendo tu carta hay una cosa que no comprendo. ¿¿De verdad te gustan los perros?? Qué cosa más rara cuentas (hay varias, pero esa especialmente). No comprendo cómo puede parecerte especial algo así. Pero no sé… cualquiera sabe. Hay gustos para todo.

Por otro lado, ¿qué cosa es «campamento»? Nunca he oído hablar de ese modo de pasar las vacaciones. ¿Podrías explicármelo? ¿Qué se hace?

Bueno. Creo que debería irme despidiendo. He hecho demasiadas preguntas y no quiero atosigarte.

Plácida vida (¿allí no lo decís? ¿Cómo os despedís entonces? Ya me lo contarás. Ya te digo que no quiero ser descortés con tanta pregunta).