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La lectura más allá de la lectura. Entrevista a Cristian Olivé

En Penguin Aula somos muy afortunados. Nos encanta nuestro trabajo y, además, tenemos la suerte de contar con los mejores profesionales que nos asesoran y nos inspiran cada día. Cristian Olivé es nuestro oráculo de cabecera. Ha colaborado en la creación de varias guías de lectura para nuestro plan lector de la ESO, con actividades didácticas muy creativas que vinculan la lectura con la experiencia directa de los alumnos.

Foto: Miriam Rioja

Cristian es filólogo, profesor de lengua y literatura en secundaria, autor de varios libros de educación y cuadernos de escritura para jóvenes y voz de referencia en redes por su labor en el fomento de la lectura en adolescentes. También escribe artículos, realiza formaciones sobre metodologías activas, da conferencias y ha colaborado en algunas emisoras de radio como la SER. Hoy charlamos con él sobre educación, adolescentes y libros.

Cristian, en tu libro Una educación rebelde, hablas de transformar la sociedad desde la educación. Explícanos cómo entiendes tú esta transformación educativa y por qué parece tan difícil.

Cristian: Defiendo una educación ligada a las necesidades y a los intereses de los estudiantes. Es imprescindible que lo aprendido en el aula sirva para entender lo que nos rodea. Es un ejercicio de honestidad también por nuestra parte: no les enseñamos lo que queremos que sepan, sino lo que esperan aprender. La transformación educativa cuesta por varias razones: por una parte, es falta de convencimiento, y por otra (y no menos importante), por las dificultades a las que nos enfrentamos. Podemos cambiar la educación desde abajo, pero necesitamos grandes consensos también desde arriba.

Dices que se les da demasiada importancia a los contenidos. ¿Crees que se antepone esa transmisión de información al enseñar a pensar…?

Cristian: Se siguen priorizando los contenidos en detrimento de la persona. Podemos verter muchos conocimientos, pero ¿de qué sirven si no saben aplicarlos? Los estudiantes deben aprender haciendo y reflexionar sobre lo que hacen. No puede existir lo uno sin lo otro. Además, es imprescindible que este proceso de aprendizaje permita un mayor autoconocimiento de los estudiantes. Debemos animar a los estudiantes a que se hagan preguntas. No tanto que respondan siempre lo que les preguntamos. Deben plantearse quiénes son, cómo son y qué quieren ser.

Quizá no somos lo suficientemente conscientes de que la capacidad crítica no viene dada por gracia divina y de que se puede cultivar desde la escuela y en casa. ¿Cómo podemos ayudar a cultivar el pensamiento crítico de los jóvenes?

Cristian: El pensamiento crítico así como la creatividad se enseñan, se cultivan y se adhieren tras un proceso pausado y meditado. Desde las aulas, podemos fomentar el pensamiento crítico derribando las paredes para que la realidad entre. Los adolescentes se mueven como pez en el agua por el entorno digital. Pero ¿se cuestionan cómo lo hacen? ¿Cuáles son los riesgos? Además, hay que retarlos para que no se conformen con aquello que tienen delante y que actúen para transformarlo cuando sea necesario.

Con esta realidad del sistema educativo que tenemos, donde la palabra currículum tiene tanto peso, ¿qué podéis hacer los docentes para sortear este -digamos- guion establecido y transformar igualmente la escuela?

Cristian: Apuesto por retos que les interpelen directamente a los estudiantes. Que su voz esté presente. Incluso que podamos aprender de ellos. Nuestra tarea docente, además de enseñar la disciplina, es seguir aprendiendo para darle la vuelta al entorno y así puedan verlo con una mirada distinta. Si queremos transformar la escuela, debemos ofrecerles a los estudiantes la oportunidad de expresarse. Que la escuela se convierta en su refugio es fundamental para que vayan motivados. Las nuevas generaciones crecen con una mayor sensibilidad en cuanto a temas sociales. Desde las aulas, por tanto, debemos darles el espacio para hablar de ello. No pueden existir censuras ni temores cuando se trata de conseguir una sociedad más justa e igualitaria.

Ahora nos gustaría centrarnos en la lectura. Sabemos que eres un lector empedernido y que haces todo lo posible para despertar la curiosidad a tus alumnos y generarles interés por la lectura. ¿Lo consigues?

Cristian: Ojalá responder que sí con rotundidad. Al menos, puedo decir que me dejo la piel en esta tarea. Que un alumno, a lo largo del curso, encuentre su libro (aquel que jamás olvidará) se vuelve casi una obsesión. Intento acercarles la lectura desde la honestidad con títulos que puedan removerlos. Debatimos sobre si los temas que aparecen en los clásicos siguen todavía vigentes. Llego a clase con el libro que hay en mi mesilla de noche y les leo un fragmento que no me puedo quitar de la cabeza. Intento, al fin y al cabo, demostrarles que la lectura es inherente a mi personalidad.

¿Y cómo se puede seducir a alguien a quien no le gusta leer?

Cristian: Es un tema complejo.  A menudo me encuentro con alumnos que me aseguran que no se van a leer ni una línea porque la lectura no les llama la atención. Los entiendo porque a su edad me sentía igual de alejado de los libros, por desgracia. En estos casos, tenemos que escoger novelas que les hablen de tú a tú y los remuevan. No vale escoger un título para siempre y que las generaciones de estudiantes vayan pasando. Tenemos que investigar qué libros pueden gustarles. Además de títulos próximos a ellos, también es importante que perciban que pueden escoger entre distintos formatos. ¿Por qué no atraparlos con un cómic, una novela gráfica o textos breves que no dejan indiferente a nadie?

"Leer en el entorno educativo debe servir para descubrir a nuevos lectores... no para perder a lectores por el camino. Dejarles que lean lo que quieran también es un ejercicio saludable."

¿Les marcas lecturas obligatorias? ¿Crees que les causa rechazo de entrada o confían en tu elección?

Cristian: Siempre digo que ‘lectura’ y ‘obligatoria’ son dos conceptos que jamás deberían ir a la vez. Leer no puede ser por imposición. Leer en el entorno educativo debe servir para descubrir a nuevos lectores, para darles a conocer obras o autores/autoras que han destacado a lo largo de la historia o para ampliar conocimientos. Jamás debería ser para perder a lectores por el camino. Dejarles que lean lo que quieran también es un ejercicio saludable. Incluso proponerles un listado de títulos variados para que puedan acercarse al que más les motive. Y por no hablar de los controles de lectura… Todavía no he conocido a nadie que haya sabido a ciencia cierta cuántos estudiantes se han leído el libro gracias a un examen. En cambio, sí que sé de muchos estudiantes que han disfrutado leyendo un libro y, sin embargo, han sido sancionados por un examen mal resuelto. Experiencia frustrada, en definitiva. Como si el proceso personal de leer se resumiera a si se ha hecho bien o mal.

Dices que es una pena que la lectura se asocie únicamente a la asignatura de Lengua y literatura y no podemos estar más de acuerdo porque también nos parece una herramienta transversal muy poderosa. Es una pérdida de oportunidades… ¿cómo se puede romper esa barrera?

Cristian: Leer no es monopolio de la asignatura de Lengua y Literatura. Del mismo modo que comprender un texto e interpretarlo es fundamental para cualquier campo, una novela contiene sociología, geografía, historia, filosofía, ciencia, tecnología, arte… El día que un docente de cualquier disciplina anime a sus estudiantes a leer una novela para ampliar conocimientos, debatir o ir más allá de las páginas… ese día dejarán de existir las lecturas obligatorias en Lengua y Literatura.

Haces muchas actividades de acompañamiento lector vinculados a su mundo y sus intereses. Lo deben de agradecer mucho.

Cristian: La lectura más allá de la lectura, en realidad. Les pido a mis estudiantes que trasladen la novela a otro lenguaje. Algunos estudiantes han elaborado un videojuego a partir de la trama de un libro; han creado cuentas de Instagram del protagonista de la historia; han construido maquetas de los espacios de la novela… Se la han llevado a su terreno para, de hecho, vivir una experiencia personal, memorable y cargada de creatividad.

¿Qué libro recomendarías para trabajar en la ESO? Uno que te haya funcionado de maravilla en clase y lo repetirías cada año?

Cristian: Reconozco que la novela Invisible de Eloy Moreno les llega a lo más hondo. Es una historia durísima pero necesaria, y me permite tratar en clase temas tan sensibles como el acoso escolar y la autoestima.

Has conseguido conectar muy bien con las nuevas generaciones porque les tratas como personas y no como “proyectos de personas”. ¿Es esa la clave?

Cristian: Ser adolescente es una etapa complicada que a menudo los adultos queremos olvidar. Acompañarlos de cerca, evitar el prejuicio fácil, escucharlos, tenerlos en cuenta y darles herramientas para el día a día y el futuro deben formar parte de nuestra práctica docente y de cualquier adulto.

También has logrado conectar e inspirar a miles de profesores como tú. En tus cuentas de Instagram de @xtianolive y @xtianolive.maslectura compartes muchas ideas para trabajar las lecturas en el aula. Es muy generoso por tu parte compartir esas propuestas. ¿Te gusta generar comunidad entre docentes?

Cristian: Siempre he creído que para aprender hay que compartir. Cuando compartes una idea que te ha servido en clase, quizá otro docente la adapta, la prueba con su grupo y también le funciona. O te propone mejoras. Nunca he creído en aquello de cerrar la puerta de un aula para que nadie sepa lo que hago en el interior. Crear sinergias es básico para no quedarnos siempre en el mismo lugar. Intento aplicar en mi día a día laboral el mismo trabajo en equipo que fomento entre mis estudiantes. La cuenta @xtianolive.maslectura es de los proyectos que más alegrías me regala.

Por cierto, ¿tus alumnos te siguen en redes? Porque hay allí una línea muy fina que es fácil traspasar y no sé si lo ves bueno o malo.

Cristian: Me siguen, me siguen… No me molesta, pero les insisto en que no me planteen dudas desde ahí. De todas maneras, a veces cruzan algunas líneas. Mi papel, en esos casos, es recordarles que lo adecuado no es que hablemos por Instagram. Tenemos canales oficiales reservados para ello. O mejor: que me comenten las dudas en persona. Al final, con este lío, aprovecho para explicarles los registros y lo pertinente o no de algunas situaciones. ¿Verdad que no le hablarías a tu profesor a través Tinder? Pues eso. La verdad es que se lo toman bien.

No sé si te gusta que te llamen “profe rebelde”, pero te lo has ganado a pulso, ¿no crees? 😉

Cristian: ¡No me molesta! Me hace gracia y me lo tomo como un piropo. Un profe rebelde es más común de lo que nos pensamos. Los claustros están plagados de docentes con ganas de acercarse a los alumnos, sin temor a equivocarse, con la certeza de llevar al aula temas como la igualdad, la tolerancia y el respeto, con la voluntad de que los estudiantes sean más creativos, reflexionen sobre el entorno y se conozcan a sí mismos.

Da la sensación de que te encanta tu trabajo. ¿Es así?

Cristian: No sabría hacer otro.

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